|
|
|
Shangay Lily, tras sufrir
las penurias de un reality show que tan sólo parece interesado en
manipular su imagen para dar “circo” a cambio de audiencia, decide escapar a Uterolandia. Espermatozoide Tours, una agencia
especializada en estos viajes, organiza su azorado traslado en compañía de una
insufrible horda de espermatozoides (“Oee,
oe, oe, oeeee… ¿Quién va a fecundar el óvulo?... Yooooo”). Su sorpresa no será poca cuando, al llegar al soñado
“paraíso libre de patriarcado”, descubre que al no ser residente tiene que
vivir como Cigota
ilegala (“los cromosomas no
quieren mezclarse conmigo”). Desesperado ante la dureza de esa vida (“lo peor es recoger cadáveres de
espermatozoides… qué pechá”),
intenta conseguir legalizar su situación demostrando habilidades especiales (“primero declaré tener más pluma que nadie
pero como allí el concepto de masculino/femenino se desconoce…”). Finalmente, consigue un trabajo bastante inusitado (“ahora canto boleros en el buffet amniótico durante las cenas”) que le
permite ser admitido en el crucero de nueve meses que resulta ser Uterolandia. En el transcurso de ese peculiar crucero aprenderá a colocarse con los aminoácidos (“les pegabas un lametón y te pillabas un colocón que no veas”), sufrirá como vecinas de camarote
a unas orgiásticas hormonas, intentará
esquivar el asalto sexual de una díscola Feromona desconcertantemente parecida a Matías
Prats, sobrellevará las iracundas amenazas de unas corporativas
oxitocinas que la declaran hereje por afirmar que afuera no se considera
la suprema creadora a la madre (“¿quién
se va a creer que afuera son tan estúpidos que se ponen a adorar a un hombre, un
tal Dios, como creador de todo?”), y soportará la inesperada visita de la pomposa Ribonucleasa H (“Quiero ser famosa… y
como tú has estado más allá de los labios internos”). En un inesperado giro de
circunstancias, Shangay acabará por darse cuenta de que hay que vivir el
presente y no intentar aferrarse al pasado.
01. Entrada / bolero # 1: Yo te diré
02. Saludos a las proteínas 03. ¿Nunca habéis estado hartas de todo? 04. Sin bañador en un Reality 05. Espermatozoide Tours me lleva a Uterolandia 06. Mi vida como Cigota
ilegala 07. Habilidades especiales / bolero # 2: Quizás, quizás... 08. La vida académica en
Uterolandia 09. Colocándome con los aminoácidos 10. Mis vecinas las hormonas 11. Una feromona canta / bolero # 3: Bésame mucho 12. La Ribonucleasa H se confiesa: quiero ser famosa 13. Recordando a Poli 14. Tú y yo, dos gotas de llanto / bolero # 4: Somos 15. Reflexiones en la cama: vivir el presente 16. Mi despedida / bolero # 5: Angelitos negros
Es autor de las novelas Machistófeles (Suma de Letras, 2002) y Escuela de
Glamour (Plaza & Janés, 2000), y de los ensayos Mari, ¿me pasas
el poppers? (DeBolsillo, 2002) y
Hombres… y otros animales de compañía
(Temas de Hoy, 1999). En teatro ha
escrito y protagonizado las obras Monólogos feministas para una Diva (Teatro de
las Aguas, 2000) y Mari, ¿me pasas el poppers? [la disfunción]
(Ensayo100, 2003) con gran éxito de público y crítica. En televisión
ha vuelto a saltar a la fama gracias a la primera edición de La Granja (A3 TV, 2004), aunque
ya había triunfado como colaborador en programas como Corazón de… (TVE, 1998-2000) o La noche
prohibida (A3 TV, 1995). Pero su gran orgullo es haber realizado su
propio programa sobre literatura, Shangay Café (Onda 6-Grupo Vocento, 2003-04). En cine debutó en la comedia seminal de Manuel Gómez
Pereira Boca
a boca (1995). Aunque es en el
ámbito social
donde su presencia ha tenido mayores repercusiones al haber fundado la primera
fiesta temática para homosexuales de España, el Shangay Tea Dance, creado la
primera revista gratuita para homosexuales, el Shangay Express, y ser la
primera drag
queen de este país, ahora
devenida agitador social. Shangay Lily es un texto incendiario lujosamente encuadernado. Eduardo Medicutti Reivindicativo, lúdico, hipercrítico… Cosmopolitismo y trasgresión necesaria. Luis Antonio de Villena Polifacético y subyugador, muy conocido en el ambiente artístico, amén de feminista convencido. Lucía Etxebarría No te preocupes, la ironía nunca morira. Susan Sontag [hablando con Shangay Lily]
¿Realmente quieren saber cómo se siente alguien tras estar encerrado en un reality show? Vayan a ver UTEROLANDIA. Es lo más cercano al diván de un psicoanalista impertinente que van a estar nunca. Allí descubrirán que la vida post-reality cubre desde el Síndrome de Estocolmo hasta la amnesia selectiva más absurda… y al margen de todo este variado espectro de autoengaños prediseñados, la creativa obra de un agitador social que se hace llamar Shangay Lily.
Tras
haber vuelto a saltar a la fama con su polémico paso por el reality de Antena 3 televisión “La Granja”, Shangay Lily tiene
muchas cosas que decir sobre el arte, los medios de comunicación y la
manipulación del sistema. Y lo dice en Uterolandia,
una obra teatral de 1 hora de duración que se compone de cinco números
musicales y varios monólogos que desarrollan un peculiar paseo por el crucero
que resulta ser Uterolandia y sus extravagantes pasajeros: enzimas, proteínas,
aminoácidos, Ribonucleasas,
cromatinas y todo un hilarante universo de personajes que cambiarán y
serán cambiados por Shangay Lily. En Uterolandia Shangay Lily aborda todos
los temas de nuestro devenir cotidiano desde un punto de vista extremadamente ingenioso
e inusual: ¿Cómo le explicarías la vida en el mundo exterior a las células,
enzimas, cromosomas y proteínas que te crearon en la placenta materna?
A través de una serie de canciones (cinco números musicales que la Cigota ilegala, como la llaman sus instructoras, cantará para deleite de las residentes cada noche a cambio de su pasaje) y toda una divertida retahíla de surrealistas diálogos, de entrañables conversaciones llenas de candidez y humor con las distintas componentes del útero que la tienen que preparar para la vida, Shangay va desgranando la imposibilidad de conseguir la felicidad en esta sociedad, los deseos de cambiar de vida que a todos nos llega en algún momento, la pesadilla de un reality show del que ya no se puede salir a pesar de saber que se nos está manipulando, las huidas hacia el pasado, la imposibilidad de huir de uno mismo, el machismo del lenguaje, el éxito, el fracaso, el amor (y el desamor), la vida y la muerte… todos los temas que le han preocupado en su vida exterior parecen perseguir a la fugitiva en su idílico mundo "libre de Patriarcado" hasta arrinconarla contra la verdad de la vida: no se puede diseñar la existencia a antojo, no se puede escapar del caos y la impermanencia. Finalmente, la Cigota ilegala descubre que sólo una ley es sagrada para ser feliz dentro o fuera de Uterolandia: no se puede volver atrás, hay que vivir en el presente y disfrutar de lo que hay. Porque si tuviésemos la facultad de regresar al pasado, quizás seríamos los más infelices, inadaptados y extraños entre un mundo de recuerdos que ya no existen. La vida es el ahora sin aferrarse a lo que fluye y se va... a un futuro que desconocemos. Utilizando la rica imaginería de los cruceros (ese icono de la sociedad consumista y burguesa por antonomasia), Shangay Lily consigue realizar un hilarante retrato de los ridículos hábitos que plagan nuestra vida de pequeños desengaños y diminutos contratiempos, nuestra baja tolerancia a la frustración y, sobre todo, lo absurdo de la vida exterior en relación a aquello para lo que se nos concibió en el útero materno es. En resumen: si pudiésemos volver al útero materno, descubriríamos lo mucho que nos hemos visto obligados a aprender afuera en contra de nuestros instintos primarios. Para poder vivir en un mundo absolutamente consumista, materialista y artificial nos hemos convertido en seres artificiales desconectados de nuestra naturaleza, inundados de deseos que nunca se veran saciados. Todo esto y mucho más queda en evidencia al contrastar las mediocres ambiciones que nos ha impuesto el feroz capitalismo como parangón de la felicidad con la grandeza de la realidad biológica: el simple hecho de nacer es un triunfo inconmensurable.
|
|
|