Yo soy de Tijuana

Sábado 25 julio del año patriarcal 2009 por Vlad Quezada

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tijuana makes me happy 058Tijuana es una ciudad generosa. Recibe a todos los que vienen huyendo de la pobreza de los campos y les ofrece a cambio la miseria de la ciudad. Les hace cambiar sus costumbres de pueblos indígenas dignos y los convierte en las putas de capitalismo, en los esclavos de la maquiladora.

Aquí, donde nos arrullamos con el sonido de las balas y nos despiertan los gritos agonizantes de nuestros hermanos, contamos los muertos como si contáramos leyendas. Así de sencillo.

Los de esta frontera no sabemos lo que somos: despreciamos a los gringos, sin embargo soñamos con la oportunidad de vivir del otro lado. Aborrecemos a los pochos, con su imagen de pandillero asesino, sin embargo todos tenemos alguno en la familia. Incluso nos vamos de compras a San Diego con ellos… los que podemos, claro. A los que los ‘americanos’ no vean como una amenaza de robarles sus más denigrantes trabajos. Porque a eso vamos allí: a limpiar baños y lavar platos. O sea: los trabajos que allá nadie quiere hacer pero que luego nos acusan de robarles. Pero así son ‘los americanos’. Como se llaman ellos. ¿Qué?, ¿nosotros somos africanos, o qué?… ¡Ah, no! Nosotros somos mexicanos, americanos no.

Lo peor es que tampoco queremos ser indios, porque ser indio en este país es MALO. Es ser prieto, pobre e ignorante. Es no pertenecer a la casta sagrada de los de piel blanca. Porque indio es insulto y no un orgullo como debiera ser. Por eso nos vamos de shopping al mall y nos compramos lo in en tiendas de saldos. Porque queremos pertenecer. Y es para lo único que nos alcanza. Porque nos queremos sentir más de allá que de acá. Por eso los negocios despliegan anuncios de “Se habla español” y todo está en los dos idiomas. Todo. Hasta nuestras almas.

avrevolucion63guTristemente, somos el prostíbulo de California. La Sin City mexicana. Aquí donde el alcohol se vende las 24 horas, en locales abiertos desafiando a la legislación local, y las drogas son el pan nuestro de cada día. Aquí en donde la calle Coahuila se llena de prostitutas menores de edad. “Las paraditas” les dicen. Porque están ahí, paradas, esperando a que llegue cualquier hombre con dólares que les servirán para mantener a sus familias o solventar su afición a las drogas. Morenas ellas, indias, divinas, dañadas… manjar nacional para fauces locales y extranjeras.

Pero da igual, nosotros seguimos viviendo. Aunque sea presos de los cárteles de las drogas. Aunque desde que se inició la lucha frontal contra el narcotráfico, esa que el presidente Felipe Calderón propuso, estemos aterrados. Nosotros y los turistas, los de este lado y los del otro. Aunque estemos temerosos por los jóvenes y por los viejos. Aunque le tengamos pavor a la policía, porque por las calles ya no sólo los policías locales circulan, también los estatales, los federales y los militares. Aunque cuando veamos un punto de revisión de cualquier departamento, tratemos de evitarlo. Porque no sabemos a quién temer más, si a los cárteles o a la “justicia”… Se ha ejecutado en este país a casi 15.000 personas desde el primero de diciembre de 2006. ¿Cómo podemos recordar todos sus nombres? ¿Cómo podemos evitar convertirlos en una estadística? ¿Cómo podemos sentir el dolor de sus familias en carne propia sin morir en la agonía?

Pero no todo en Tijuana es malo. Es una ciudad generosa, amiga para el que quiere vivir, ya no digamos con dignidad, simplemente sin morir de hambre, que se abre como la frontera más transitada del mundo. Siempre a la espera de sus nuevos hijos. Se puede vivir en Tijuana. Una vez que te has insensibilizado al dolor ajeno, por supuesto. Entonces, se puede vivir aquí.

Además en Tijuana se puede ser lo que uno quiera. Cualquier color, cualquier bandera, cualquier preferencia… Difícilmente alguien te molestará por eso. Tal vez no se piense lo mejor de ti, pero se reservarán el comentario. Aquí se puede ser hasta gay, a diferencia de otros lugares del país. La opresión ya no es la de antes: se camina libre, la juventud tiene una actitud más abierta también. Ya no nos escondemos. Sólo algunos por ahí, que sienten que tienen algo que perder, se ocultan. Por lo demás, Tijuana es respetuosa con la comunidad homosexual. Tenemos un, antes impensable, evento del Orgullo Gay. Con las consabidas carrozas llenas de color y de alegría. Y la bulla de una máquina de vapor que estuvo sellada mucho tiempo. Tenemos centros de esparcimiento, centros de apoyo a enfermos de VIH, lugares en donde se nos permite expresarnos… La mayoría tiene el apoyo de su familia, cosas que como comunidad hemos ido conquistando poco a poco.

Y así hemos desarrollado aquí nuestra cultura. Ya nos somos el hermano lejano de la cultura de México. Nos hemos reinventado. Nos hemos aceptado culturalmente. Como esa mezcla única de dos países tan distintos. Y lo hemos plasmado en las artes plásticas, en las letras y en la música. Con una producción potente y propositiva, constante, en la que desafiamos a aquellos que nos ven como los hermanos de nadie, aunque eso ya no nos importe, a reconocernos. Porque sabemos a dónde pertenecemos. Sentimos el orgullo de pertenecer a esto, de formar parte de la historia del infierno.

Personalmente les puedo compartir que he tenido la suerte de vivir en distintas ciudades, pero hay algo adictivo en este lugar. Porque no me imagino alejado de aquí. Y porque la vida siempre, siempre, se ha encargado de traerme de vuelta.

Yo soy de Tijuana.

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