Totalitarismo invertido

Lunes 25 enero del año patriarcal 2010 por Miss Shangay Lily

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Este es el verdadero rostro del Tribunal Supremo de los EEUU (y de todo el planeta)

Si en los últimos años de zozobra capitalista (o triunfo imparable, según cómo se mire) ha surgido un concepto certero para explicar la surrealista situación social que estamos viviendo, ese es el de Totalitarismo invertido. Un término acuñado por el filósofo y profesor emérito de Princeton Sheldon S. Wolin.

Sheldon analiza este fenómeno en su visionario libro, publicado aquí por Katz Editores, Democracia S.A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido, una obra que muchos que pierden las horas discutiendo sobre la grandeza de Obama, deberían leer.

Básicamente, el concepto de totalitarismo invertido viene a estar profundamente ligado con la infantilización de un electorado cada vez más apático y entretenido que toma parte en una charada cada cuatro años para mantener la fantasía de que nuestros gobernantes son elegidos por nuestros votos. Nadie se pregunta quién elige nuestro voto. Y cómo.

Tomando prestada la sinopsis que Katz Editores hace:

Sheldon Wolin, probablemente el más destacado teórico norteamericano de la democracia, analiza en esta obra los rasgos dominantes de un régimen que, si bien no puede ser comparado moral ni políticamente con los estados totalitarios del siglo XX (la Alemania nazi, la Italia fascista, la Unión Soviética), deriva peligrosamente hacia una situación en la que el descontrolado poder económico puede convertirse en un “poder total”, con sus propias patologías. Un régimen cuyos ciudadanos son políticamente apáticos y sumisos, y en el cual las élites desean que sigan siéndolo. En el mejor de los casos, afirma Wolin, los Estados Unidos se han convertido en una “democracia dirigida” en la que el pueblo es manipulado y no soberano y, en el peor de los casos, en un país donde el poder corporativo no responde a los controles del Estado.

No es complicado comprender cuál es el sofisticado modo en el que se está corrompiendo la idea de democracia. Como decían en Zeitgeist, es un concepto abstracto que se puede prestar a las interpretaciones más variopintas. Y lo que hoy en día se está vendiendo como democracia es un modo de fascismo. Un fascismo mucho más peligroso porque nos está convirtiendo a todos en una masa uniformada que obedece lo que la publicidad ordena. O, como lo explica Chris Hedges:

There is no national institution left that can accurately be described as democratic. Citizens, rather than participate in power, are allowed to have virtual opinions to preordained questions, a kind of participatory fascism as meaningless as voting on “American Idol.” Mass emotions are directed toward the raging culture wars. This allows us to take emotional stands on issues that are inconsequential to the power elite.

No queda ninguna institución nacional  que pueda realmente ser descrita como democrática. A los ciudadanos, más que a participar en el poder, se les permite tener opiniones virtuales sobre preguntas preorganizadas, una especie de fascismo participativo tan carente de sentido como votar en “Operación Triunfo”. Las emociones de la masa estan dirigidas hacia las populares guerras culturales. Esto nos permite tomar posturas emocionales en asuntos que son intranscendentes para la elite del poder.

Para informarse más sobre esto, os recomiendo que veáis el documental Zeitgeist, que leáis el libro de Wolin y, sobre todo, el del grandioso Webster Tarpley Obama – The Postmodern Coup: Making of a Manchurian Candidate.

Si queréis empezar a comprender las dimensiones de este desastre, y leeis inglés, podéis abrir boca con este artículo de Chris Hedges: Democracy in America Is a Useful Fiction o lo que es lo mismo, La democracia en los Estados Unidos es una ficción muy útil. Cierto, muy cierto.

Ah, y como colofón de este master, leeos el aterrador The Crackdown on Dissent (El machacamiento de la disidencia).