Salí del armario por ti

Miércoles 16 diciembre del año patriarcal 2009 por Miss Shangay Lily

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Felipe con un sombrero fedora

Felipe Tena luciendo sombrero fedora y encanto

El sábado pasado fui a una fiesta maravillosa. No sólo porque la hiciese una persona maravillosa llamada Fran (Slash de Guns N’Roses en esa ocasión por  imperativos temáticos… los 80) con mucho que celebrar,  su cumpleaños entre otras cosas, aunque supongo que gran parte de la celebración venía de tener a su lado a una persona no menos maravillosa, su pareja Juan Carlos (Tina Turner en esa ocasión por esos mismos requerimientos ochenteros), sino porque ocurrió algo que nunca soñé vivir. Lo que convirtió esa velada en algo inolvidable fue una confesión de uno de los asistentes cuando ya nos habíamos quitado los disfraces, las multitud y la música (por mor de una pareja de policías encantadores que se presentaron inicialmente, muertos de risa, como “somos los estripers”… segundos después aclararon que no, que eran policias nacionales y venian a pedir que se quitase la música so pena de una multa de 3000 euros).

Nos habíamos sentado en un corro algo “grupo de apoyo” y estábamos comentando los eventos de la noche en la que yo fui Nikkei Romanov y me ocupé del photocall para gran deleite de muchos y horror de otros que no comprendía por qué aquél ser desagradable les gritaba que vendía droga y que la llamasen al móvil (señalando a un teléfono de mesa, anticuado) sin parar. Cuando ya llevávamos un rato charlando, uno de los asistentes se me acercó y, tras intercambiar felicitaciones sobre lo acertado de su disfraz como Chica Robert Palmer en “Simply Irresistible”, aclararme que su nombre era Felipe Tena y que me admiraba desde hacía mucho, me soltó un rotundo “Yo sali del armario por tí”. Así, a bocajarro.

Yo en principio no supe qué hacer con aquella declaración. Por desgracia, casi me he resignado a que no se reconozcan los numerosos sacrificios que en mi carrera he hecho para proyectar algo de honestidad, integridad y orgullo que sirva a otros  en esa cansina batalla con la homofobia que a diario nos vemos obligados a vivir. Incluso a que se me trate como una frivolona más por mucho que haya demostrado una y otra vez que no lo soy. Pero, a pesar de mi inicial reacción de recibir aquel cumplido como un exceso fiestero, Felipe tuvo la gentileza de explicarme por qué decía aquello.

“Yo siempre te veía en Corazón de… y eras mi ídolo”, prosiguió el pizpireto arquitecto técnico, porque Felipe no es ningúna petarda insustancial que trabaje de butiquera, como los llamo yo, y se crea superior a todas las maricas porque es capaz de doblar más camisetas de Custo en un minuto que nadie mientras adopta un gesto de asco como toda respuesta a cualquier ser humano que le acerque y le haga sentirse inferior (que suele ser el 95%, por desgracia). “Un día mi padre estaba viendo el programa conmigo mientras comíamos y apareciste tú con tu sección Chispazos, como siempre. Mientras tú entrevistabas a los famosos de turno, mi padre cambió el gesto y se puso a berrear ‘desde luego, a este tipo de degenerados maricones es a los que les tenían que matar los skin-heads esos en lugar de atacar a chicos normales que tienen tanto que aportar’. Mi padre es de izquierdas de toda la vida. Comunista. Pero es un homófobo, racista y fascista insoportable. Yo estaba acostumbrado a sus comentarios y siempre me había callado cuando decía barbaridades de ese tipo, especialmente sobre los homosexuales, pero esta vez no pude. Se estaba metiendo con alguien a quien yo admiraba y respetaba por su valentía, así que pensé en qué harías tú y, sin dudarlo, me volví hacia él y le solté un contundente ‘Pues entonces me tendrán que matar a mí también, porque yo soy como él’. Mi padre se quedó mudo un segundo y, desconcertado, me preguntó: ‘¿Qué dices, hijo?, tú no puedes ser como ese degenerado vicioso’. A partir de ese momento me levanté y le dije de todo. De todo. Que yo era marica y estaba orgulloso de ello, que tú eras un ejemplo y que él era un fascista… Tuvimos una bronca como nunca. Mi pobre madre, que estaba trabajando, se enteró esa tarde cuando la llamó mi padre al trabajo para decirle que su hijo era un degenerado. Pero al final aceptaron la realidad y me respetan”.

Sinceramente, estuve a punto de echarme a llorar. Gracias Felipe. Gracias por revalidar mi lucha, que a veces se hace francamente cuesta arriba y solitaria. Ver a tanta petarda insufrible recibir halagos, loas y prebendas por malvender nuestra lucha, aprovecharse de los logros  de otros y traicionarnos por ego y dinero y sentir el contínuo desprecio de todos esos gaympresarios y burgayses a los que soy tan incómodo, a veces me hace olvidar que mi compromiso importa. Y, sobre todo, que no es obstinación o anacronismo como muchos intentan hacer parecer (“Eso ya no se lleva. No hace falta”, argumentan los mismos que se benefician de seguirle el juego a los homófobos). La dignidad de la comunidad gay depende de volver al compromiso y a intentar una alternativa a este vacuo mundo capitalista descerebrado que todo lo soluciona con compras y una efímera fama al servicio de otros. Estoy bastante harta de tanto lacayo del sistema posando como transgresor revolucionario. ¡Dejad de lamer culos y folláoslos, maricón!

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