
Martes 30 de Noviembre del año patriarcal 2004
UN PROFUNDO VIAJE
(DE LA MANO DE LA TRIPLE DIOSA LUNA)
Mi paso por "La Granja" ha sido un profundo viaje. Un viaje hasta los más remotos parajes de mi infancia, mi desolación, mi rebeldía y mis huidas.
No he aprendido nada, pero he recordado mucho.
Emplazo a un futuro libro la explicación de todo lo que he vivido/muerto dentro de esa carcel, pero ahora quiero compartir con todos vosotros algo mucho más maravilloso: lo que otros han aprendido de mí. Lo que otras miradas han sabido ver y, finalmente, me han hecho ver.
No es casual el hecho de que hayan sido tres transexuales las que más cerca de mi corazón hayan escarbado para sacar a la luz mi alma. Os ruego que me permitáis presentaros a mi particular Triple Diosa Luna.
La primera es una mujer cuyo hermoso rostro, cuyas fogosas maneras, cuya rotunda elegancia ya todos asociáis a mi persona. Carla Antonelli es un referente en este país y en todo el planeta trans gracias a su infatigable trabajo en su página y en política. Pero, para mí es un referente por su fuerza, su pureza de alma y su dignidad inquebrantable. Sé, porque muchos me lo habéis dicho en cuanto me habéis saludado, que ha luchado por mí como nadie. También sé que cada semana se ha enfrentado, en las galas, a la peor barrera de reaccionaria amargura con una firmeza digna de encomio.
Gracias Carla. Mi hermana Carla.
La segunda es una mujer a la que admiro desde hace años. Un mito y una leyenda en el mundo de la Diferencia. Kim Pérez es historia y ha hecho historia en este país. Pero lo lleva con una humildad que a veces te impele a ignorar su grandeza. Me resisto a no dejaros unos breves apuntes biográficos, extraidos de su fascinante página, para que sepáis medir ante qué grado de majestuosidad nos hayamos:
Nacida en Granada, en 1941. Con diez años la arrastró la disforia de género. Con veintitrés intentó huir de su género en Francia y luego fue y volvió de Suecia en auto-stop, sin resultado. Con veintiséis lo intentó de nuevo en Argelia, como agregado de prensa de la embajada de España, y conoció a Viviane, a Lola, a Rachid y a monsieur Dominique y vivió públicamente como trans, sin que la embajada se enterara. Con veintinueve años, fue profesor de la Universidad de Granada. Con treinta y uno se fue a Londres, donde trabajó como pinche de cocina y vivió de nuevo como trans hasta que se arrepintió a bordo del “H.M.S. Belfast” y se metió en el armario durante dieciocho años. Empezó a salir a los cincuenta, fundando de paso la Asociación de Identidad de Género que en 1999 consiguió que la Junta y el Parlamento de Andalucía reconocieran los derechos de los y las transexuales por primera vez en la historia de España.
Han pasado muchas cosas en su vida y, gracias a ella, en la nuestra, pero la niña que siempre lleva dentro ha sabido permanecer. Por ello es un inmenso honor para mí que ella haya dedicado su comentario semanal en carlaantonelli.com a mi persona.
Lo ha titulado Resurrección de Shangay y aunque yo no comparta esa dualidad Autor/Personaje (una de mis más insistentes reivindicaciones es la de ser considerado en todo momento una persona que reniega de su nombre patriarcal y elige su nombre feminista, no un actor creando un personaje) a la que insistentemente se refiere en su artículo, sí comparto su interés en analizar algo más que la ramplona evidencia cabaretera del hombre que se maquilla. Os ruego que hagáis un esfuerzo por entenderlo. Es complejo, pero extremadamente hermoso.
Resurrección de Shangay
Creo que una de las máximas inspiraciones o conmociones de un artista es la que le hace crear un personaje.
Miguel Ángel llegó a ese estado con las Sibilas de la Capilla Sixtina, a las que desde entonces no podemos figurarnos más que con esos rasgos de mujeres hombrunas; otro Miguel, al trazar los dos tipos esperpénticos de Don Quijote y Sancho; Mario Moreno, al ahijar a Cantinflas y una Persona (seguiré con las mayúsculas), que ha renunciado a su nombre real frente al de su Personaje, al visibilizar a Shangay Lily, como sublimación de las toallas que se liaba en la cabeza en su niñez y materialización de las figuras que aparecían una y otra vez fugazmente en su espejo.
No todos los artistas consiguen consumar tal momento creador: Shakespeare no llegó, ni siquiera con Hamlet, a dejar ver un personaje inolvidable, más real que si lo hubiésemos visto, y sus tragedias son argumentos, no retratos; ni Calderón con Pedro Crespo, ni Dante, que no inventó a nadie.
Shangay Lily en cambio existe, más verdadera que su Autor, que se esconde tras su figura y hasta ha querido, durante algún tiempo, desaparecer tras ella, como personificadora arrogante del sueño del glamour y la ironía sobre las insuficiencias humanas, color deslumbrante, como el de las pinturas de los niños o el del technicolor, maquillaje estudiadísimo del que se tarda una o dos horas en aplicarlo, como en el kabuki, al mismo tiempo churretón y perfecto, sarcástico, definitivamente español.
Cuando Shangay se encarna y habla entre su público, condesciende como una diva y sonríe,
"o diva condescendente...",
"oh diosa que desciendes...",
sería la traducción aproximada de una posible pero inexistente aria de ópera; Shangay, diva operística, cargada de joyas, Castafiore o Callas, con su nombre que connota enérgicamente el Shangai Express y a Marlene Dietrich o Lili Marlen y a tantos espíritus de los muertos entonces, revestido con el duro y repentino, o tierno y seguro, final en y griega que permite jugar con la palabra gay.
Y luego Lily, que viene de lilium, o lirio, porque también hay en ella muy escondido algo de lirio.
El Artista Anónimo, en este momento, ha hecho más y menos que una comedia o una película o una novela, porque ha trazado un personaje que no necesita de ningún libro ni libreto ni guión para existir, sino que tiene tres dimensiones, y sale de verdad a los bares o las soirées, y pueden fotografiarle los flashes y va solo, sin argumento que le sostenga, como el que se baja de la pantalla en "La Rosa púrpura de El Cairo" y por su manera de hablar se ve que aunque sea de bulto, no es de este mundo.
Personaje cuya naturaleza consiste en estar ahí, en ex-istir, que significa lo mismo, en tener sombra y ser palpable. Sólo vive de connotaciones, que es lo único que expresa pero las expresa con tal fuerza que es un Personaje verdadero, porque cuando el Autor Anónimo se canse de él, o se vaya, o se muera, cualquier otro intérprete podrá recrear a Shangay Lily.
La teoría deconstruccionista de lo queer sabe ver en Ella una performance, lo que significa, dicho más corrientemente, una función, una representación. Hace treinta años, se hubiera dicho un happening, un suceso.
¿Pero qué es lo que sucede cuando Shangay Lily entra en escena, qué representa?
Es una ubicación en el espacio social de la mediorrealización de un sueño.
Pero hasta ahora, Shangay era sólo una imagen; le faltaba un argumento; de pronto, lo recibe y se convierte en una historia.
Voy a contarla.
Todo era en el fondo muy simple, casi esquemático: un Autor Invisible, Desapareciente, y un Personaje; un Arlequín, Pulcinella y Colombina a la vez.
Pero el Autor andaba dándole vueltas a la cabeza. Estaba deseando volverse Visible y como que tenía celos y reivindicaba para sí el nombre de su Personaje.
De hecho, por indicios sacados de allá y de acá, creo que el Autor llevaba tiempo maquinando su volatilización. Es fatigoso, supongo, ser un Personaje. A veces no encaja. A veces se encuentra Uno diciendo cosas que comprende que no corresponden a la Persona (latín)-Máscara de lo que va, y entonces se siente pesadamente cargado.
O se articulan unas palabras y de pronto se recuerda que los labios que las han articulado están doblemente pintados.
Hay momentos en que un beso o una mirada requerirían despojarse rápidamente de la capa de maquillaje, en un segundo de tiempo hacia atrás, digamos.
Nueva performance. El nuevo Shangay (ya no la nueva), para explorar lo que es, tiene que pasar una prueba iniciática. Baja a los infiernos. La primera condición es quitarse el velo del maquillaje. Aparece un rostro humano, simpático e inteligente, de labios que tiemblan ligeramente, a la expectativa. Baja a la tierra terrosa, la del campo, la que embarra y pisan las vacas. El infierno, como la cárcel, tiene reglas; los sueños tienen que ceder.
Durante algún tiempo conserva el turbante, ya no como alucine, sino como fetiche o uniforme personal, un souvenir de otros tiempos. Luego, también desaparece. El nuevo Shangay debe vestir un mono azul, de mecánico o cortijero, que recuerda los campos de reeducación chinos y al ex Emperador Pu Yi, reconvertido en jardinero, a las órdenes de cualquier funcionario.
La figura de la Shangay Lily se ha esfumado, sfumata. La Hija del Cielo ha vuelto donde su Padre Celestial.
El Autor reclama con voz ahogada: "Yo también existo".
Y por tanto, de pronto, aparece el significado profundo, arquetípico, del drama que se está representando. El Autor está peleándose con el Personaje. Shangay ha visto diluirse su glamour en las duras aguas frías del cortijo (fuera el americanismo de la granja), como yo perdí en la realidad mis sueños en la rudeza de otro cortijo de verdad, de la Andalucía de donde el Autor también ha venido.
Ahora bien, a partir de ahora, pueden pasar muchas cosas de las que sólo puedo imaginarme algunas: La primera, que siendo Shangay Lily inmortal, alguien, quizá el Autor mismo, quizá otro, puede hacerla renacer, sin muchos cambios aparentes, pero ya será una figura con una historia, con un pasado propio, trágico a la manera teatral o melodramática que le corresponde a Shangay Lily, el Personaje al que su Autor quiso casi matar y no pudo.
"Los días que Shangay estuvo en un cortijo... los turbantes turbadores defendiéndose entre la prosa de las vacas... las pasiones y las infamias, el secuestro sin comprensión, la sutileza y la rudeza... los dos idiomas intraducibles... " ¿Qué no podrá ser imaginado, para envolver en un halo de humillación y heroísmo a la pobre Shangay Lily, la Flor de la Costa Este?
Otra posibilidad: El Autor crea otro Personaje, parecido a Shangay, pero más profundo y más complejo. Aprovecha la sabiduría que le ha prestado Shangay, con su ironía, para poner en él todo lo que ha aprendido en este tiempo, y mucho más de lo que él es. Un Personaje que no sólo tiene los ojos del Autor, sino también su piel atezada. Éste no tiene que desmaquillarse. Pone un nombre distinto en su pasaporte, que dice otras cosas. Habla del mar, por ejemplo, la más profunda realidad en la Tierra.
Otra tercera: El Autor no va a renunciar por cierto al mono de trabajo; una vez que se ha puesto por primera vez el uniforme proletario, no dejará de sentirlo. Pero dirá: "El mono es de Shangay; es ella, la contestaria, la revolucionaria, la que se lo ha ganado". No sé cómo, pero desde ahora Shangay unirá el turbante y el mono. Y además, radicalmente feminista.
"En pie, los parias de la Tierra..."; o las parias, las mujeres y más parias todavía, las trans que comenzamos a levantarnos y sacar la cabeza.
Todo esto, cuando se medio ve, no se olvida, y un mono enseña mucho.
A fin de cuentas, Shangay Lily, la Personaja, es una de nosotras, con quienes ha desafiado al mundo en público, pasionalmente, con la compañía de una trans como Carla, quien también sabía lo que tenía que decir..
¿Qué hay por tanto en las trans de Autor o Autora y de Personaje?
¿Qué hay de performance?
¿Qué hay de desafío?
¿Qué hay de revivir?
Le dedico también estas páginas a Carla Antonelli, que ha sido cariñosa y fiel comadrona, a bordo una vez y otra de un puente aéreo que la llevaba y la traía, de la resurrección de Shangay Lily.
Gracias Kim. Hermana Kim.
Finalmente, la tercera ha sido una activista transexual de la que sólo puedo revelar su sobrenombre por cuestiones bastante complejas. SomeOne ha sabido pegar su hombro al mio desde Miami, donde reside ahora, y no ha dudado a la hora de presentar batalla a este Sistema de mediocres que insiste en manipularnos. Ella es una activista queer que va más allá de lo obvio y que quizá sea la más cercana a mi corazón militante; quien mejor entienda mis devenires mentales e ideológicos huyendo de identidades heterocentradas.
Pues bien, en un hermosísimo emilio que me envió hace días (y que me emocionó como pocas cosas) me escribió algo que quiero compartir con todos vosotros. Leed atentamente, os lo ruego. Nunca nadie ha estado tan cercana a mi mente y mi alma:
Me gustó mucho ver la Shangay desmaquillada y sin turbante. Es importante que la gente sepa que Shangay no es una pose, ni un disfraz, sino un ser. Un ser que entiende la vida de determinada manera, sobre todo libre.
Shangay es un estado interior, un estado de conciencia. Por eso encuentro esencial que al descubrirte (literalmente) lo descubrieras y revelaras a los demás.
Shangay no es un personaje. Es un ser humano que cuestiona el Generismo. Es un hombre porque se reconoce tal, pero uno que no acepta los condicionamientos impuestos a lo masculino ni que determinadas cualidades y valores sean exclusivas de la mujer.
Para mí lo queer, verdaderamente, es esto. Trascender roles, formas, maneras, comportamientos artificialmente inculcados como sexo-exclusivos, y por tanto ser espontaneos, ser libres para usar todo el rango humano de la expresión y del ser, asumiendo lo que se siente en uno en cada momento, independientemente de que ese acto, manera, actitud, rol, forma, expresión, comportamiento particular fuera otrora concebido, por el Sistema, como "masculino" o como "femenino".
Pues algo está claro, nada es "femenino" de por sí si un hombre puede sentirlo o hacerlo. Nada es "masculino" de por sí si una mujer puede sentirlo o hacerlo. El feminismo dejó claro esto hace tiempo; que mucho de lo impuesto a la mujer como "femenino" es condicionamiento y/o limitación de su restante potencial humano. Por lo mismo "lo femenino" le es negado al hombre. Lo queer extiende esta comprensión feminista afirmando que cada ser humano puede usar la paleta entera de colores anímicos, de expresiones y de funciones humanas, trascendiendo las etiquetas "femenino" y "masculino".
Shangay para mí es un ser queer, liberado de la dictadura Generista. No dice "soy mujer", sencillamente porque se siente hombre, pero uno que no es del siglo 20 ni del 21, seguramente del 24... uno que sabe que todo lo "femenino" es tan humano y de hombre si un hombre lo siente y lo expresa, como todo lo "masculino" es humano y de mujer si una mujer lo vive y expresa.
Para mí lo queer no es la destrucción del género, pues de todas formas cada cual fluye en el suyo propio, a su propia manera, si alguna vez se dan las condiciones de libertad interior (o, dentro de unas décadas, las de libertad exterior). Lo queer es la destrucción del Generismo, es decir, la dictadura de roles y comportamientos sexo-exclusivos, que nos son inculcados a base de condicionamiento premio-castigo para que no los traspasasemos. ¿Qué falta le hace al género el Generismo? Ninguna.
Sin Generismo cada individuo expresa un locus de género único dentro del infinito mapa estadístico de expresiones, cualidades, capacidades, etc, mostradas por mujeres y por hombres. Sin presiones ni imposiciones uno tendrá derecho a ser la rareza de la norma estadística, lo diferente, el diferente o la diferencia. La estadística vendrá después, para leer la realidad, no antes, para hacernos encajar en el modelo sin primero averiguar cómo somos o cómo queremos ser.
Yo afirmo el género: lo inefable de lo masculino y lo femenino que deriva del hombre y de la mujer individualmente, es decir, de cada individuo, que es el único que puede hacer verdad que tal modo de ser es masculino (por ser él hombre) o femenino (por ser ella mujer). Por tanto creo en un Género que surge de los individuos y así hace la estadística, no que surge del colectivo y se impone al individuo.
Encontraremos entonces que el género (Género) dejado a su espontaneidad es misterio, y un canal por el que la naturaleza y el espíritu a la vez nos enseñan y revelan realidades desconocidas.
Género sin Generismo. Este es mi mensaje.
Lo así llamado "masculino" puede ser también femenino si la mujer lo hace suyo. Lo mismo lo así llamado "femenino" es masculino, humano simplemente, tan pronto un hombre lo toma para sí.
Por tanto las etiquetas se hacen borrosas, se difunden, se trascienden, van y vienen... con flexibilidad. Con libertad. Se usan, se abandonan, se reciclan.
Masculino-femenina-femenino-masculina... y 'eso que es', en el silencio.
Ahora. Queda por debajo otro misterio. Aún más incomprendido, el de la naturaleza. El sexo. Hombre, mujer. ...Entrehombreymujer.
Si liberar el Género del Generismo, para devolverlo a su pulsión natural, instintiva, espontanea, será la siguiente frontera de la conciencia humana después del feminismo (que inició este inmenso salto evolutivo), descubrir y demostrar que el principal constituyente biológico del sexo (de la sexuación; macho, hembra; o varón, mujer) es el cerebro y no los cromosomas sexuales o los genitales, supondrá la mayor revolución científica de las próximas centurias, sobre todo para cuando ese conocimiento se asimile en el ámbito social ordinario.
Se sabrá entonces que cada cerebro es masculino o femenino (de varón o de mujer) en virtud del mapa del cuerpo que posee grabado en sus circuitos neuroendocrinos y que se vive y se reconoce instintivamente como propiocepción del físico en versión macho o propiocepción del físico en versión hembra. Cada cerebro lleva impreso un mapa del cuerpo, su territorio, y siempre suelen concordar. Cuando no concuerdan eso es una forma de intersexualidad que ahora se mal denomina transexualismo.
Hay pocos casos de transexualidad en relación al fenómeno del transgenerismo.
Transgenerismo es el síntoma expresado por seres humanos no transexuales (no intersexo cerebro/anatomía) de rechazo intenso del género recibido (impuesto por el Generismo). Es un escape, ciego en muchos casos, hacia los estereotipos de género impuestos al otro sexo, en lugar de comprender que ambos sets de estereotipos son esclavitud personal y dominio del Generismo sobre el individuo.
Los transgénero son el síntoma agudo de la crisis del Generismo en un mundo que ha conocido el feminismo y lo queer, por tanto en un mundo que ha comenzado a despertar a su libertad de ser en términos de género.
Sin embargo los transgénero son todavía víctimas no liberadas; no son queer... pues siguen el engaño del Sistema que reza que el hábito hace al monje y que por tanto determinado aparato social "femenino" es idéntico en significado (o "debe serlo") a "ser mujer".
El transgénero varón, no rechazando su genitalidad, reconociendo como propio su territorio anatómico masculino, es un disidente del modelo de masculinidad que le fue impuesto (hasta aquí coincidiría con lo queer). Pero (y aquí es donde se separa de lo queer y retrocede fascinado por el mismo Sistema que le oprime), en lugar de vindicar una masculinidad más amplia, distinta o directamente "femenina" (asumiendo cualidades humanas que fueron atribuidas e impuestas patriarcalmente a la mujer), confunde esa manera de ser "femenina" que siente suya con ser mujer, porque no alcanza a comprender que esa manera de ser no es femenina necesariamente, ni masculina necesariamente, sino humana.
El transgenerismo es un subproducto del Generismo, pero al menos uno que revela que el Generismo produce sufrimiento y que limita. Pero es subproducto porque reproduce el Generismo haciendo solamente que el afectado cambie una esclavitud por otra, y que en ese cambio quiera desesperadamente poder "pertenecer", para poder protegerse definitivamente de la esclavitud de origen.
Amiga, me he dejado llevar en un trance ensayístico; tú ya me entiendes.
Claro que te entiendo, amada amiga SomeOne. Te entiendo y me abro como una flor ante tus gotas de pureza. Necesito tanto ese agua que tú me traes hasta mi desierto. Mira como lloro sin lágrimas.
Gracias SomeOne. Hermana SomeOne.
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Jueves 25 de Noviembre del año patriarcal 2004
LAS ADMONICIONES (BUENOS Y MALOS)
Las Admoniciones (esas criaturas que advierten de su futura destrucción a todo aquél que amenace el Poder) avanzaron y se plantaron frente a mi militancia con arrogancia.
-Nosotros tenemos el poder de hacerte bueno o malo -proclamaron desafiantes.
-¿Y de que depende eso? -pregunté yo ingenuamente- ¿De lo fiel a mi mismo que sea?
-No, querido, todo lo contrario, de lo fiel a nosotros que seas... No podemos permitir que la gente se dé cuenta de que no éxiste el bien y el mal sino nuestros aliados y nuestros enemigos. Por eso, sólo hacemos dos grupos en el mundo: los buenos y los malos. Hemos inventado ese mecanismo de control. Es perfecto en estos tiempos de globalización de la información... Nosotros controlamos el 99% de los medios de comunicación, así que podemos manipularos a todos. Hace siglos la Santa Madre Iglesia ya nos lo hizo entender, aunque entonces era más fácil todo: si osábais desvelar nuestra mentira, os quemábamos y os proclamábamos brujas (porque al final siempre erais mujeres o algo cercano los que estábais descontentos con nuestro mundo). Entonces no os quisísteis dar cuenta de que nuestros Papas mataban, invadían y robaban pero eran proclamados santos mientras vosotros, pobres víctimas, érais los malos: herejes. El mensaje siempre estuvo ahí para quien lo quisiese ver: Si nos ayudas a poseer el mundo te recompensamos, si te conviertes en una amenaza te quemamos (física o psicológicamente, ya da igual gracias a la televisión) y te invisibilizamos. Al final da igual lo que intentes decir o hacer, sólo serás otra marioneta en nuestras manos: la mala. Una a la que odiar. Una que entretenga al pueblo mientras lo dejamos morir de hambre y le robamos todo impunemente.
-Pero, todos somos buenos y malos a la vez, eso es una distorsión de la realidad que nos llevará a la destrucción...
No me contestaron. Las Admoniciones se alejaron entre redactores, ayudantes de sonido y directores de programación. Seguramente para seguir manipulando el mundo desde algún plató de televisión... o incluso en la política, pensé. Porque últimamente me cuesta mucho distinguir entre los procedimientos de una y otra... Y entonces caí en la cuenta: nos dirigimos a un mundo integralmente dominado por los protocolos de política. Un mundo en el que, al igual que en la política, quien menos dice, quien es más falso, quien más miente, quien no tiene intención de cambiar nada, quien sigue las reglas del juego, quien no cuestiona, quien reverencia a la jerarquía, quien sirve al Poder, quien, en definitiva, se arropa con lo políticamente correcto (ese terrible cáncer creado por las corporaciones que está destruyendo el mundo y que en ese enlace tan bien define el filósofo Vladimir Volkoff), ese lacayo sumiso y ruin, en fin, es el que siempre ganará.
Por contrapartida, quien diga la verdad, cualquier verdad, alguna verdad —algo horriblemente polémico en un mundo de lobotomías ideológicas y culturales— sufrirá el escarnio del Poder y aparecerá ante el ojo público como el malo que dice algo diferente, algo reprobable.
Son malos tiempos para la Diferencia.
Pero el mensaje final de esta entrada no es pesimista, sino muy optimista. Porque he aprendido algo muy, muy, muy valioso: la batalla puede estar perdida, pero la guerra no. Porque ellos —que nos han robado todo y nos han dejado sin nada— tienen mucho más que perder. Quien teme a la verdad teme a la vida.
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Martes 16 de Noviembre del año patriarcal 2004
CUANDO FUI UN ESCLAVO SENSORIAL
Al poco tiempo de iniciado el experimento fueron incapaces de pensar con claridad y les invadió una especie de confusión mental que les impedía concentrarse en nada y terminaron, incluso algunos días tras el experimento, teniendo la sensación de que habían experimentado algo sobrenatural y que influiría en ello para el resto de sus vidas. La respuesta a todo esto es clara. El cerebro necesita de ese alimento constante que es el mundo de las energías que nos rodean y que decodifica constantemente, sean éstas electromagnéticas, ondas de presión, mecánicas o moléculas de varia y diversa naturaleza. Unas veces con significado otras sin él. Pero que son, a fin de cuentas, como el oxígeno o el agua para el organismo. Sin esas referencias sensoriales constantes el cerebro, el poderoso cerebro, “las inventa”, las crea, porque las necesita en aras a escapar del suicidio mental. El aislamiento sensorial completo enajena la mente humana en apenas unas horas.
Esclavos sensoriales por Francisco Mora.