
Miercoles 19 de Abril del año patriarcal 2006
NOTAS PARA UNA URBANITA EN SPAHA (VOL. 7, 8 y 9)
The primary distinction of the artist is that he must actively cultivate that state which most men, necessarily, must avoid: the state of being alone.
James Baldwin
DOMINGO 9: MARICÓN CON DURAG AL ESTE DEL EDÉN
Jose aparece a primerísima hora y me despierta para contarme que tiene que hacer una fotos de unos cuadros. Al parecer una inquilina le ha pedido este favor y él está feliz de trabajar un poco en un campo en el que es un verdadero maestro. Se marcha corriendo y me vuelvo a dormir.
No recuerdo mucho de lo que ocurrió el resto del día, sólo sé que apunté que fue cuando me compré en el supermercado este durag por 2.99 $. Lo escojo en negro porque me va bien con todo y el blanco se me va a ensuciar enseguida.
El durag es una pieza que aquí llevan tanto latinos como negros. Normalmente lo llevan debajo de la gorra de beisbol (bisera siempre trocida hacia un lado). Yo tengo uno que me compré en Miami y lo uso en verano porque es fresco y te protege la calva, pero me lo he dejado en Madrid. El durag o doo-rag surgió en los años 30 entre los hombres negros que se lo hacían de trozos de medias de sus esposas para ponérselo en la cabeza y proteger asi el pelo mientras se aplicaban los ungüentos quimicos que utilizan. También se usa para mantener los famosos cornrow.
En un principio me dió miedo que lo tomasen por una falta de respeto de un blanquito caprichoso, pero luego me dió igual y ahora lo llevo siempre con gran donaire y confianza nadie me mira, la verdad (ese es el verdadero drama, así que me estoy planteando pasearme con chuflos y mantilla cantando La carmañola en un rendido homenaje a la República cuyo aniversario se cumplió en mi ausencia).
LUNES: LA SOLEDAD DE LA CARTUJA DE SPAHA
Tras el consabido desayuno cítrico, acompaño a Jose a comer en la 116. El "Barrio" se me está atragantando un poco. Aquí la comida hispana es siempre lo mismo: arroz, banano y carne. La dieta es verdaderamente insana y estoy empezando a echar de menos una ensalada o un pescado. Todo es supergraso e inyectado con poliinsaturados. Tanto es así que la comida me sienta fatal y estoy a punto de vomitar.
Dedico la tarde a leer y a hablar por teléfono con España y con Carolina del Norte en un delicioso ejercicio de kausidya (pereza activa).
Cuando cae la noche, andar por los pasillos del edificio en completo silencio y sabiendo que todo el edificio está abandonado me sobrecoge un poco. Un pegajoso sentimiento de soledad y desamparo desciende sobre mí con tal intensidad que difícilmente puedo burlarlo.
La razón por la que me paso gran parte del tiempo recorriendo ese interminable zigzag de madera y cemento es que el baño (y único lavabo) está a la entrada. Cada vez que como algo necesito lavar el único plato y cuenco que tengo. Por no mencionar que soy de la rama de las meonas cagonas impenitentes (algo tiene que ver mi consumo de té). Mi estudio es el último del pasillo así que para cualquier acopio de agua tengo que volver unas veinte puertas y cuatro pasillos. A esto hay que sumar que los estudios adyacentes al mio están abiertos y sin terminar... con las puertas sin cerradura, las ventanas abiertas a la noche, y llenos de tablas y sombras. Además, las luces del pasillo se activan con el movimiento así que vas viendo la negrura delante tuya siempre. Avanzar con ese tel{on de incertidumbre continuamente frente a tí mientras escuchas el crepitar del suelo no invita a otra cosa que la reflexión metafísica (cuando cae la noche, esto se asemeja bastante a una cartuja... La cartuja de Spaha). No dejas de pensar en que si alguien se metiese en el edificio no tendrías a quien acudir (y la puerta de la calle no se puede cerrar, es más, no sé pór qué alguien la deja abierta con un cono de esos naranjas de tráfico todo el día, sólo la de esta segunda planta tiene un pestillo precario) y las enormes ventanas tienen rejas así que sería imposible escapar. En fin, tras un momento inicial, rápidamente te enseñas a no pensar en ese sentido... la soledad de los tres edificios colindantes (almacenes de cartones) ya es bastante evocadora.
Por otro lado, aunque es duro abandonar tu red de seguridad y sentirte tan solo y tan rendido a tu alienación, también es un sentimiento hermoso. Es una nueva oportunidad de construirte a ti mismo y de pensar sobre tus mecanismos sociales convertidos en hábitos tras un tiempo... aquí soy otro. Tan pequeño en estos gigantescos edificios sin personas y con enormes puertas metálicas.
MARTES 11: ¿SERÁ SOHO PLAYHOUSE MI CASA?
Jose sigue empeñado en desahogarse de su matrimonio conmigo, así que se presenta a primera hora y vomita todas sus frustraciones mientras yo mondo ceremoniosamente las naranjas que he comprado en la 125. No hay día que no intente arrastrame a comer al chicano, pero yo hoy no como nada.
De vuelta a mi intimidad, dedico la tarde a comprar las entradas de un espectáculo que me ha llamado la atención, Confessions of a Mormon Boy. Tras consultar telecharge repetidamente llego a la conclusión de que es mejro comprarlas en la taquilla del teatro.
Me bajo en Grand Central y decido aventurarme en una linea que menciona Times Square. Descubro que existe un tren-enlace hasta Times Square. Me habría ahorrado tanto tiempo de saber que puedo enlazar con la línea 1. En fin, me bajo hasta Houston. Recorro encantado la calle Varick hasta Vandam. Cuando llego al Soho Playhouse, estoy agotado.
Un señor con gafas está en una coqueta oficina que sirve de taquilla. Cuando se percata de mi presencia, se levanta y me atiende. Le pido pagar la entrada con Visa, pero resulta que el ordenador no funciona y me tiene que hacer la reserva en efectivo )sospechosamente nunca funcionan las Visas européas). Yo, aprovechando el momento de intimidad le pregunto si es el gerente. Me contesta que no sólo es el gerente sino el dueño del teatro desde hace 30 años. En ese momento nos pasamos a otro despacho lleno de carteles de los 70 en el que va a hacerme la reserva. Yo, siguiendo con la intimidad me pongo a explicarle quién soy y lo que hago y que llevo tiempo planteándome dar el salto a NYC. Mi soprpresa es mayúscula cuando, tras escucharme atentamente, me dice que estaría encantado de tenerme en un club más pequeño que sirve de bar abajo. Me lo enseña y resulta ser un coqueto café teatro con piano llamado Huron Club.
La realidad es que no tengo ningún espectáculo ideado en inglés así que me voy feliz sin cerrar nada y quedando en hablar más seriamente mañana, cuando venga a ver el espectáculo. "Vente un poco antes y hablamos aquí mientras te tomas algo" me dice muy amablemente.
Todo el camino de vuelta me lo paso pensando en las posibilidades de iniciar mi carrera aquí. ¿Realmente quiero o es un sueño de evasión? No dejo de pensar en los esfuerzos y fortuna que tuve en España cuando volví de aquí y gracias a la insistencia de Lucy, entonces encargada del China Club, salté a la escena por la puerta grande con el Shangay Tea Dance... ¿No será tentar demasiado la suerte dejar todo y volver aquí? En mi elucubración de la manera d ehacerlo me doy cuenta de que lo mejor sería estrenar en el Festival de Teatro de Edimburgo como me aconsejó una amiga cuando me ofreció conseguirme un teatro allí. Pero eso sigue sin garantizar nada y en España ya tengo un camino...
Me duermo dándole vueltas a la idéa. Sueño con Paloma, con Archie, con Poli, con Inma... con tanta gente que ha arropado y arropa mi corazón en Madrid... La soledad se escucha en cada grieta de este edificio.
MIÉRCOLES 12: MARIAH Y LOS PUTOS MORMONES
Por suerte me he enterado de que hoy Mariah Carey estará en los estudios de MTV de Times Square pára presentar en TRL su nuevo video de Say Somethin'. El programa se emite a las 3.30 así que deberé estar allí antes para hacerme con un buen sitio.
La suerte me sonríe cuando llevo ya unos minutos en la creciente multitud que se amontona tras las vallas de seguridad (POLICE LINE DO NOT CROSS) que hay frente a las cristaleras de la MTV en Times Square: un pelotón de jóvenes con polos uniformados que nos regalan enormes carteles de Mariah... yo me quedo atónito, intenté conseguir uno en Universal España y no tenían. Me dan todos los que quiera en cuatro formatos distintos y pines de cuatro colores... encantado me quedo.
Lo que no me deja tan encantado es cuando Mariah se asoma un segundo a la vidriera y saluda cual Evita y me recuerda inexorablemente a... ¿Terelu Campos? Por favor que se vuelva a asomar y borre esa impresión de mi retina. Pues no, la estrellona no se vuelve a asomar y a la hora nos confirman que ha terminado su entrevista y saldrá por el lateral.
Me encamino al lateral para intentar averiguar por donde saldrá si es que no ha salido ya. Pronto se confirma el lugar de salida: una masa humana rodea a un elegante sedan negro escoltado por dos hammers igualmente negros justo a la salida de la galeria que accede al Teatro Minskoff (donde, por cierto estaba mi mayor ídolo Harvey Fierstein con Rosie O'Donnel haciendo El violinista en el tejado).
Entre la masa destaca un grupo de reporteros que llevan su acreditación de prensa colgada y enormes cámaras. Esta chusma será la causante de mi mayor problema cuando aparece un marea de policias que empiza a ordenar que toda la calle quede coratada y los fans se pasen a la acera de enfrente. Yo me quedo rezagado entre los reporteros y al ser mayor (la media de edad de los fans es de 14 años) nadie se extraña. Así consigo escuchar a un portavoz que Mariah aún va a tardar unos 45 minutos porque está haciendo una segunda entrevista en MTV. Yo la veré en primera persona pienso feliz.
Hasta que llega una estúpida reportera con pinta de mala persona y me pregunta que si soy de la prensa. Yo decidido respondo que sí que de España. Ella con cara de asco se aleja y le habla a una agente de policia que viene inmediatamente y me pide el pase de prensa. Yo le digo que no lo llevo encima y me ordena que cruce la calle y me vaya con el centenar y pico de fans que se amontonan en la acera. Menuda faena, con lo bien que estaba con los 12 reporteros frente a la puerta.
Tres horas más tarde empiezan a aparecer guardaespaldas, jefas de prensas, representantes, publicistas, vigilantes, maquilladores, escoltas... en fin unas 60 personas se dispersan por la calle con walkies y móviles dando instrucciones de que todos se retiren unos cincuenta metros de la puerta. A los pocos minutos Mariah aparece. Ignorando la consigna en la medida de lo posible (poco) nos avalanzamos hacia el coche de Mariah intentando acercarnos pero la policia ya ha hecho un cordon de seguridad en torno a una ausente Mariah que se detiene a la entrada para posar y sólo yo consigo situarme al otro lado del coche en una posicion bastante ventajosa. Mariah posa con una afectación absolutamente ridícula frente a los paparazzi y pasa cien pueblos de los fans que le gritamos desde todas partes... todo está muy calculado.
Es entonces cuando me doy cuenta de que Mariah no es más que un producto muy premeditado que mueve muchos millones y muy poco talento. En ese mismo momento ha perdido mi respeto. Es fácil triunfar cuando no arriesgas nada y eres el producto idóneo para esta nación corporativa. Y yo criticando a Madonna por lo mismo. Al menos Madonna ha cambiado ciertas percepciones y ha criticado.
Me vuelvo al estudio agotado y con un sabor muy amargo a desengaño. Tengo muy pocos minutos para dejar los posters y pines. No tengo mucho tiempo para meditar porque de repente se me ha hecho tarde y no llego al Soho Playhouse a ver la obra como no corra mucho.
Hago todos los transbordos a la carrera, salgo a Varick y echo a correr sabiendo que hace 5 minutos que ha empezado y que había quedado en hablar con el dueño. Entro al teatro sudando y sin respiración. Una chica muy joven y simpoática me dice que respire que vamos a entrar todos los que hemos llegado tarde juntos y sólo me voy a perder los primeros 5 minutos. Yo no puedo ni hablar. Me alegro de poder coger resuello porque voy a parecer una máquina a vapor en la función si no.
De esta función sólo puedo decir que me emocionó y enorgulleció como hacía tiempo nadie lo conseguía.
Confessions of a Mormon Boy es la historia del actor que lo representa: un chico destacablemente guapo y blanco que siendo mormón descubrió que era gay. En un acto de absoluta candidez se le ocurrió acudir a los sacerdotes y contarles lo que le pasaba. Ellos, como es de esperar de una iglesia machista, hipócrita y sucia, le mandaron a todo tipo de terapias para curarlo de su enfermedad. En medio de esto empezó a estudiar arte dramático en la universidad mormona más célebre BYU en la que siguieron machacándole por su homosexualidad por muy reprimida que la tuviese (y la tenía notablemente reprimida, creedme). Consecuencia de tanto maltrato fue la decisión de Steven Fales (el actor-protagonista de la historia) de casarse con la hija de una notable mormona. Tuvo dos hijos y todo tipo de sufrimientos intentando negar su naturaleza.
Lo más fascinante viene cuando él se separa y se convierte en chapero en Nueva York para sufragar sus intentos actorales. Finalmente gana tanto con el chaperío fino que deja el escenario de lado y cae en un pozo de soledad y drogas que lo lleva casi al borde de la muerte. Y aquí es donde viene el momento climático de la función, un momento que me pilló de sorpresa y me dejó sin respiración consecuencia de tanto desfase es el coste que tuvo que pagar... Se encienden las luces del patio de butacas, Steven nos avisa de que va a compartir con nosotros la verdad de quien es porque ya no necesita seguir ocultándose... avanza por el pasillo y nos confiesa que lleva pelo postizo. Acto seguido se lo quita y en un segundo parece envejecer 30 años.
Nunca, nunca, nunca, un gesto tan sencillo me había sobrecogido tanto. Es el mayor desnudo, el mayor acto de honestidad y valentía que yo haya visto, "para competir con los otros chaperos debía mantener la fantasía de eterna juventus, pero ya no lo necesito: hace 5 años que no me prostituyo". Y creedme, la fantasía está realmente bien mantenida, tiene un cuerpo una piel y una cara de 25 años... hasta que se quita el peluquín. Su gesto, su mirada, su postura corporal, todo cambia. Un prodigio de obra e interpretación que te trasmite el poder de la mente, de la determinación, de la ilusión y la esperanza humanas como nada. Un ejemplo y una advertencia.
En ese momento sentí deseos de darle un beso en la mejilla. Un beso casto y lleno de amor fraternal para decirle que le quería y que no estaba solo, que era mi amigo. Por suerte, al salir, como es costumbre en muchos teatros de Nueva York, él nos estaba esperando en la puerta para darnos las gracias uno a uno. Yo le pregunté si podía darle un beso en la mejilla y el me dijo ilusionado que por supuesto. Lo besé sin mirar lo mayor que parecía sin peluquín y con honestidad. Lo besé sin disimular mis lágrimas que no habían dejado de caer desde la medianía de la obra. Lo bese con la honestidad que el me había insuflado. Fue un beso muy dulce.
También le dije todo lo bonito que se me ocurrió, que era especiál, maravilloso y un ejemplo. Pero yo creo que ninguna palabra podía trasmitir lo que transmitió aquél beso. El pareció emocionado y sorprendido igualmente. Y nos despedimos como amigos que no se quieren dejar.
Esa noche, de camino a cas me sentí más solo que nunca. Querría haber hablado horas con mi amigo y cerciorarme de que alguien le amaba y era feliz, de que ya no estaba tan solo. Porque lo magistral de la obra era lo bien que transmitia la soledad que Nueva York con todos sus bienes materiales consumistas puede provocar. Por eso me llegó tanto es aparte de su historia. Porque retrataba como nada que haya leido la soledad devastadora de esta ciudad que te come hasta el alma.
JUEVES: ENFERMEDAD CRÓNICA LLAMADA DISCUSIÓN
Hay días en los que creo sufrir una enfermedad crónica llamada discusión que siu no me cuido puede caer en coma discursivo. Este fue uno de esos días.
A primera hora discusión con Jose que me ve hablar por el pasillo con el teléfono y cuando le digo que tampoco es tan grave me la monta hasta el punto de decirme que no le toque y que si nos pegamos (esto me ha pasado con mis amigos heteros en más de una ocasión: de repente se sienten inseguros y creen tener que reafirmar su masculinidad a trompazos).
Por suerte, la cosa se arregla y nos vamos a comer juntos. Se arregla definitivamente cuando le doy una buena idea de como sacar más provecho del espacio que esta reconstruyendo (sencillamente poniendo la cocina americana en el salón). Se queda feliz y me deja irme a mi ducha.
Tras la ducha las cosas vuelven a empeorar cuando, tras comprar dos estupendas sudaderas talla 5xl, decido comprar unas fritangas boricuas llamadas bacaladitas que está asqueroso y superaceitoso. Me sienta tan mal que me tengo que echar.
El nuevo pico de la enfermedad llega con una conversación nocturna con Carolina del Norte. Un desastre que me lleva definitivamente a la cama en un intento de recuperarme de mi coma terminal discutidor.
En esas estoy cuando una nueva llamada que yo creo provenga de Carolina del Norte resulta ser una amenaza:
"Sal a la puerta que te voy a rajar el cuello, cabrón. Estoy en tus ventanas y como te pille te corto el cuello... ten cuidado porque estoy ahí cerca".
Muy mal aconsejado, decido avisar a la policía. 911 me pide todo tipo de datos y me dice que si quiero entrevistarme con una pareja de policias. Yo digo que no, que basta con que patrullen y que estoy asustado, pero insiste. Cinco minutos más tarde recuerdo el caso de Boy George y llamo de vuelta para pedir que no venga la policía.
Lo cancelan... o eso creo yo.
VIERNES 14: DE LA MATERIA DE LOS SUEÑOS
El teléfono no deja de sonar toda la mañana, pero yo estoy muerta de haber pasado buena parte de la madrugada llamando a todo el mundo para pedirle consejo sobre la amenaza telefónica... menos a Jose.
Ya deben ser las 12 de la mañana cuando decido coger el maldito teléfono y me encuentro a una fiera gritando fuera de sí que resulta ser... Jose.
"¿Por qué no me has cogido el teléfono? ¿Por qué no me llamaste ayer? ¿Por qué ha estado ahí la policia? ¿Por qué han llamado esta mañana a las 8 al propietario (el lo llama el landlord) para preguntarle qué había pasado en ese edificio? ¿Por qué no has cogido el teléfono? PENSABA QUE TE HABÍAN MATADOOOOOO... AHORA MISMO VOY Y ARRANCO EL TELÉFONOOOOO... ¿PARA QUÉ TE HE PUESTO AHÍ UN TELÉFONOOOOOO? ¿TÚ SABES LA MAÑANA DE ANGUSTIA QUE HE PASADO PENSANDO QUE TE HABÍAN RAJADOOOOOO?"
Yo me quedo muda. No sé por donde empezar. Le cuento entonces medio tartamudeando lo de la llamada de ayer y mi nada buena idea de avisar a la policía... y cancelarlo.
"¿Pero tú tienes una ligera idéa de cómo es la policía aquí? Si llegan a aparecer, lo primero que habrían hecho es llevarte a la comisaría y encerrarte... te habrían preguntado lo primero por qué estabas en ese estudio y si tenías papeles para demostrar que lo habías pagado... y yo ayer apagué el móvil porque por la tarde tuve una superbronca con Leni (Leni es uno de los alquilados, el del estudio de enfrente en concreto) porque le dije que como no me había pagado la luz no le iba a renovar el contrato y tiene que irse la semana que viene... y llamó luego borracho amenazándome y diciendome man if i go down you go down with me... por eso pensé que se había ido a por tí y me habías intentado defender y te había apuñalado... NUNCA MÁS, nunca más vuelvas a hacerme esto... bueno ahora tengo que ir a la comisaría a inventarme algo porque la policía me quiere ver"
Me quedo tiritando y me hago una idéa muy, muy, muy exacta de cómo fue lo de Boy George. La policia aqui es basura pura. Mi instinto me salvó de meterme en un verdadero lío... y de meter a Jose en uno mayor.
Me espabilo completamente con el drama matutino (bueno, y unas 20 tazas de te). Decido ir a la SAVERAMA de la Tercera Avenida con la 108 para descambiar una sudadera que no me convence y quedarme con la versión 4XL que en Europa es imposible de conseguir. De paso me compro unos pantalones igualitos a unos Pepe Jeans de chandal gris que había visto en una tienda por 45$ por sólo 5$. Deposito las compras en el estudio y me decido a investigar el UCB un teatro muy sugerente que se anuncia como Improv Comedy in New York cuya casa madre está en Chicago (el Improv o improvisational comedy es al parecer es un gran fenómeno que surgió en Chicago en los 50). Teniendo en cuenta que en Mayo voy a actuar en plan improvisaciónes stand-up en El café del cosaco, esto me interesa todo. Será una buena escuela.
De entre los cinco pases diarios que tienen, me decanto por Rebecca Drysdale, una lesbiana que no quiere ser etiquetada exclusivamente de tal pero muy combativa y que habla en plata de la comunidad gay según las entrevistas que tiene en su página.
Como he tenido la precaución de llamar por teléfono y reservar entrada, no me preocupa cuando veo la enorme cola en la entrada del teatro. Mientras abren puertas para esta sesión me meto en el supermercado de al lado y me compro un estupendo SOBE que me pone como una moto y despierta todos mis sentidos.
El espacio teatral está muy inteligentemente diseñado en plan grunge con butacas recicladas de antiguos cines rodeando el escenario a ras de suelo. La actuación de Rebecca es impactante aunque bastante desigual. Hay sketches mejores que otros y alguno se hace un poco aburrido, pero en general toda la conceptualización es muy innovadora e impresionante. Parodias de Stargate SG1/Matrix con riñas de polvos de fiesta de navidad en la empresa por medio, barmitzvas de una bollera, un IM-PRE-SIO-NANTE videojuego basado en Brockeback Mountain que está perfectamente hecho en pantalla y es una crítica a la estética gay, una clase magistral de historia de como las bolleras camioneras (butch) llegaron a llevarse bien con las lesbianas maripuris (femme), un rap en el que una blanca (ella) se atreve a decir con insistencia y reincidencia la palabra "nigger" (algo prohibido en los EEUU para los no negros) ridiculizando lo políticamente correcto, una conversación de teléfono con amigos maricas... pero todo, completamente todo, por muy sensacional que sea (y lo es) queda absolutamente eclipsado cuando tras explicar que quiere hablar de su cotidianeidad Rebecca hace el número final y se queda COMPLETAMENTE EMPELOTAS en medio del escenario y representa una ducha magreandose tetas, coño y culo con enjundia... Mudos nos quedamos. Un aplauso a rabiar y mis bravos que se oían hasta en Perth, Australia. Muy buena y, sobre todo, muy valiente (en Nueva york te pueden meter en la carcel por bastante menos de eso).
Por si la fantástica actuación no fuese bastante broche de oro a la noche, cuando salgo a la calle me encuentro a un querido conocido que no acabo de identificar. Me acerco seguro de que es de Madrid y le oigo entonces hablar en americano pura cepa... ¿de qué lo conozco? Estoy a punto de tocarle el hombro seguro de que se me abrazará emocionado cuando caigo de qué lo conozco... ¡Es Will Arnett, el GOB de Arrested Development!
Me vuelvo a casa feliz de la fantástica noche de artistas y creación. En mi deambular por la calle 23 me topo con el mítico Hotel Chelsea, que quería ver porque allí vivió en un principio mi Santo patron Quentin Crisp, y unas calles mas alla con el famoso Flatiron y enfrente el Madison Square Park y al fondo el Empire State Building sepultado en nubes color naranja por el reflejo de sus focos... definitivamente esta ciudad está hecha de la materia de los sueños.
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Domingo 16 de Abril del año patriarcal 2006
NOTAS PARA UNA URBANITA EN SPAHA (VOL. 5 Y 6)
The purpose of art is to lay bare the questions which have been hidden by the answers.
James Baldwin
VIERNES: DUCHA TO CUM, QUESADILLA TO GO
(CUANDO VES A UN ANIMAL SOBREVIVIENDO)
Mi segunda ducha aquí fue tan reconfortante como la primera. Aunque he de reconocer que en la primera solté tales gemidos de placer que más de uno se acercó hasta mi cubículo para ver qué shampoo estaba usando (no, no era el del anuncio).... estuve a punto de correrme del gusto, la verdad (de ahí la broma del título: cum es correrse y semejante a venir... bueno dejémoslo).
El ritual de la ducha es bastante curioso, la verdad. Uno llega a las taquillas, cuelga la chaqueta, saca de la bolsa la toalla con las chanclas dentro, se quita los zapatos y se calza las chanclas. Se quita entonces el jersey y los pantalones-calzoncillos para enrollarse en la toalla. Entonces, y sólo entonces, se cuelga uno la llave de la taquilla, que ha adaptado a una gomita de oficina, en la muñeca. Para esas alturas, el limpiador de turno se está comiendo su bocadillo de la tarde observándote atentamente (tu, claro, empiezas a temer que se de cuenta de que no te vistes de deporte y luego te duchas, sino que vas a la ducha directamente).
Cuando cierras la taquilla con el candado (sin fijarte en donde la tienes corriendo siempre el peligro de que alguien tenga un candado con goma azul como el tuyo y no la encuentres o tengas que probar la llave después), ya has cogido el necesér de Coronel Tapioca que te regalaron en aquél sarao de famosos en Vallecas y te diriges a la zona de labavos para afeitarte.
La zona de lavabos está entre los retretes y las duchas, todo en hileras perpendiculares. A un lado tienes una encimera sin labavos y con enchufes en los espejos que supongo serán para los que se afeiten con maquinilla eléctrica (¡o se traigan su kit de gimnasia pasiva!), al otro hay una ristra de lavabos con lojoso espejo que siempre ocupo yo en exclusiva (tanto decir Jose que aquí se afeitan y nunca he visto a otro que no sea yo).
Mientras te afeitas, siempre aparecen personajes de lo más variopinto que se acercan a la secadora de manos y la usan para secarse... ¡los sobacos! La faena es que yo siempre me coloco justo delante de la dichosa maquinita para afeitarme, con lo cual tengo un desfile de sudados y un olor a sobaco chamuscado durante el afeite que... brrrrrrruaj. El otro día, por ejemplo, se acercó un chico de unos veintitantos que parecía un Shar Pei (esos perros chinos con la piel como un acordeón). Se ve que había pesado una tonelada y ahora se había quedado en un peso normal y el cuerpo era pelín repugnante de mirar. Llevaba la cabeza afeitada y era casi albino (sospecho que estaba recibiendo quimio)... yo, fascinado con la historia que podía haber detrás del adelgazamiento mostruoso e inquiriendome a mi misma qué haría si se me quedase así el cuerpo (cirugía reconstructora, pensé) no dejaba de mirarle. Hasta que él empezó a mirarme y me dí cuenta de que a lo mejor pensaba que quería ligar con él y volví a mi maquinilla horrorizado. El tema de la obesidad mórbida es una verdadera plaga en esta sociedad.
Cuando uno se ducha aquí no necesita gel. Las duchas tienen unas maquinitas dispensadoras de espuma muy simpáticas aunque muy poco prácticas porque te dejas las manos sacando las diminutas porciones de jabón. Además, cada día alguien se olvida algún champú o similar y a mi la verdad es que me encanta ir probando los botes (el otro día fue un peeling de Neutrogena y hoy alguien se ha dejado un champú de Polo Ralph Lauren que huele fortísimo pero que yo me planto no obstante en ingentes cantidades). Aparte de eso, la motivación visual que muchos estaréis imaginando es nula. Nunca he coincidido con otra cosa que gordísimos sudorosos (supongo que pensarán lo mismo de mí). Y ja,ás se cruza una palabra, algo que es muy conveniente para mí. De hecho estoy tan sólo que el segundo día compuse una canción a voz en grito que decía algo así como I've got you in my spine. So maybe that is why when I think of you I shiver, even cry / I've got you in my eyes. So maybe that is why i'm thankful i met you in this life... and shiver, even cry... por desgracia he olvidado la melodía, pero juro que gritada en aquella ducha, entre efluvios asfixiantes de Polo Ralph Lauren, sonaba la mar de bonita, sentida y soul. Posiblemente el que lleva la fregona no piense lo mismo a juzgar por la cara con que me miró cuando pasé envuelto en la toalla y susurrando los últimos arreglos a mi canción al compás de mis ruidosísimas chanclas (me deben conocer por el flich flich flich flich flich flich que inunda el gimnasio cada vez que entro o salgo de la ducha).
Una de las cosas que más me gusta de cuando me ducho en el gimnasio es que al salir siempre acabo paseando hasta la 118 por la Tercera Avenida y por el camino me empapo de gentes, de historias y de imágenes. Hoy, por ejemplo, me he decantado por un mexicano que he visto a la altura de la 108 y tras leer el menu y hablar un rato en inglés con la camarera hasta que le digo algo en español y ella exclama indignada: "¡Pero si hablas español y estamos aquí hablando en inglés como dos pendejos!". Yo entonces le pido explicaciones sobre el menu que ella me da encantada y finalmente decido pedir unas quesadillas to go (lo de take away hace mucho que no se usa en los EEUU). En el interín de la espera le pregunto a la simpática camarera por los cuarteles de Clinton y ella me mira alucinada y me dice:"Ay papito, no sé.... ¿el presidente se vino acá?". Le pregunta a la encargada y esta le dice que tampoco sabe dónde. Conclusión, deciden que ha sido una alucinación mía porque "¿por qué volada se va a venir a vivir acá un presidente?".
Yo regreso al estudio y devoro las pesadísimas quesadillas... a los pocos minutos me tengo que meter en la cama a dormir la siesta. El queso, la harina y las salsas me provocan una digestión de boa constrictor.
Cuando me despierto ya ha anochecido. Subo a la 125 a inspeccionar un poco más ese universo que siempre bulle en torno al supermercado. Encuentro mi merecido: me cruzo con una pareja que me corta el aliento. Él es un latino bastante oscuro de piel con maneras de matón muy pasado que da miedo y anda a zancadas rápidas, a su lado, agarrándole la mano como una prisionera que ya no siente nada por su prisión , va una mujer mal teída de rubio, blanca de piel y con la cara tan deformada de las palizas que las cicatrices, las postillas y las heridas más recientes en carne viva no dejan espacio libre en toda su cara. El tabique de la nariz está destrozado de continuos golpes, los labios deformados y rajados en un lado. Una mejilla está desplazada de lugar y un ojo está hinchado y morado. Se me hiela el corazón y me entran ganas de arrancarla de las manos de ese torturador, pero me doy cuenta de que ella la única liberación que espera es el próximo chute. Es una yonqui completamente terminal que anda como un robot. Sus ojos están apagados, sin vida, ausentes. Aunque le habla animadamente a él (planenado o rogando posiblemente por la próxima dósis, no hay vida en sus gestos. Sólo la rutina de un animal sobreviviendo. Un flash me viene a la mente: esta mujer debió tener sueós y aspiraciones en Nueva York. Ella debió tener el mundo a sus piés en algún momento y la loca fuerza de lo inesperado.... y aquí es donde esa energía del alma se estrelló. Ya nunca será nada de lo que soñó.
Me vuelvo al estudio abatido. Esta es la cara más fea de Nueva York. La cara de la que nadie habla o retrata. La cara de los intocables de esta sociedad de Brahamanes.
Esta noche soy un privilegiado porque aún tengo sueños.
SABADO: MI ENCUENTRO CON BORIS IZAGUIRRE
Este domingo va a ser un día fructífero. Así me lo propongo mientras me tomo las naranjas y el té matutinos. Escucho brevemente la radio satélite y me entero de los atascos que hay en Nueva York (basicamente en todas partes).
Para conseguir mi objetivo, me encamino a Grand Central con la idea de andar desde allí hasta Times Square y reencontrarme con el famoso TKTS que hay en Duffy Square. Tickets para espectáculos de Broadway a mitad de precio. Allí decidiré a qué espectáculo ir.
De paso quiero indagar en Bryant Park si una escena de la novela es factible (un atentado en el Grill). Yo debo haber pasado por Bryant Park mil veces, pero no lo recuerdo salvo por las enormes tiendas de campaña que durante la semana de la moda de Nueva York se convierten en el centro de los desfiles. Necesito ver con detalle lo que he observado en internet apar confirmar que concuerda con mis recuerdos.
En efecto, resulta que al natural no es tan impresionate como en internet y lo recuerdo. Abandono el lugar de la escena con la satisfacción de haber elgido bien y me encamino a Times Square para ver el Virgin de allí y comparar precios con Tower y B&N.
En Virgin me encuentro con dos sorpresas, una buena y una mala. La buena es que tienen una sección gay con algunos de los títulos que yo buscaba (aunque todo es bastante corporativamente gay), la mala es que mientras estoy mirando DVDs allí veo que unos niñatos negros que están mirando la sección de enfrente (deportes= se dan cuenta de repente del letrero de Gay&Lesbian y se ponen a cometar en plan insulto "No me lo creo. ¿Has visto? No me lo creo, Gay y lésbico.... es lo más ridículo que he visto jamás... que estúpidos... les ponen una sección" Y se alejan haciendo chistes en alto para que yo los oiga y me sienta mal.
Estoy a un segundo de decirles algo del tipo: "si esto es lo más ridículo que has visto es que nunca has ido a una misa o un partido de fútbol, nena", pero me doy cuenta de que eso es caer en su juego. Que pierdan energía ellos. No voy a dejar que ellos manipulen mi energía. Me concentro en los buenos títulos que he encontrado y en comparrlos a pesar de lo carísimo que están. Ahora sí que voy a apoyar a Virgin por poner esa sección.
Me compro:
1. The Night Larry Kramer Kissed Me
2. The Margaret Cho Collection (un espléndido pack con las tres primeras) mas Assasin. Hacía tiempo que quería disfrutar de todos los extras que tienen los deuvedés originales, así que estoy feliz de poseer por fin la obra completa de esta mariliendre/bollo combativa e incisiva.
3. El DVD de David Cross que andaba buscando desde que llegué: Let America Laugh
A este botín hay que sumarle mis compras en el Tower de la 4 y Broadway que son:
4. El DVD de Sandra Bernhard I'm Still Here, Dam it!
5. El legendario Liza with a Z (un especial para televisión que por fin acaba de salir en un DVD lleno de extras)
Una buena videoteca.
Para celebrarlo me voy al café y me zampo una riquísima tarta de zanahoria con un Snapple. A mi lado, un grupo de chicos rusos jovencísimos juegan a las cartas como si de un bar de pueblo se tratase... sólo que estamos en un sótano de Virgin enterrado en Times Square. ¿No tendrán nada mejor que hacer en Nueva York?
Salgo feliz y dispuesto a encaminarme hacia Union Square para comprar las entradas para Sandra Bernhard cuando algo milagroso ocurre. En el cruce de la 45 y Broadway veo a una chica con gafas fashion cruzar mientras le grita a alguien en españól: "¡Corre, antes de que se ponga la luz en rojo!". Es latina y algo fashion victim. Me la quedo mirando preguntándome si vivirá en Miami (esta especie me la conozco muy bien de mis estancias en South Beach), cuando veo que la sigue una cara conocida envuelta en una bufanda... ¡Es Boris Izaguirre! Me lanzo tras él y le grito su nombre repetidamente, pero él se hace el tonto y sigue avanzando evitando el encuentro. Yo insisto y cuando le toco el hombro se vuelve y con una sonrisa muy falsa me dice un papal "gracias, gracias, tengo mucha prisa" Entonces me mira más atentamente y grita encantado: "¡SHAN...GAY! ¡Qué alegría! Venimos de ver a Julia Roberts, está sensacional. Tienes que verla.... Mira esta es mi hermana" Yo beso a la hermana (cuyo nombre no consigo recordar) y me alegro de ver a Boris tan contento. Hablamos un buen rato y me dicen que se van a cenar... yo no considero la posibilidad de ir con ellos ni quedar así que nos despedimos con mucho cariño y quedamos en vernos en Madrid (supongo que él salía al día siguiente y tambien supongo que su interés en intimar era tanto como el mio...).
Feliz por la buena energía que me rodea me voy a Union Sq. y compro una entrada para ver a Sandy B. Me decido por la sesión de las 10 del sábado 15 que resulta ser la más barata por extrañas y convenientes razones. Yo tengo algunos de sus libros, sus cedés y su primer vídeo. Admiro enormemente a esta lesbiana feminista que saltó a la fama por ser la camarera lesbiana de Roseanne y por su romance con Madonna, pero sobre todo por su talento y su acerada lengua que ha definido toda una generación urbana atrapada entre la teoría posmoderna y la queer. Ella es la esencia del downtown neoyorquino, del postfeminismo y de la madre soltera con pareja del mismo sexo que vive de su trabajo.
Será un placer verla.
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Miercoles 12 de Abril del año patriarcal 2006
NOTAS PARA UNA URBANITA EN SPAHA (VOL. 4)
Not everything that is faced can be changed. But nothing can be changed until it is faced.
James Baldwin.
The face of a lover is an unknown, precisely because it is invested with so much of oneself.
It is a mystery, containing, like all mysteries, the possibility of torment.
James Baldwin.
MIERCOLES: YO FUI UN 4400 EN LA 125
Cual 4400 aparecido de la nada, no recuerdo en absoluto qué mierda hice durante este día, sólo sé que he acabado en la calle 125 bien entrada la noche y trotando a un ritmo cercano a la carrera abierta... Intento aparentar ser un habitual del barrio y no darle importancia a las hordas de yonquis cargando toneladas de botellas que meterán en la máquina de reciclaje que hay en la esquina con Lexinton a cambio de unos centavos, lo gigantescos negros en pandillas que pasan a mi lado bromenado entre ellos, y las rotundas negronas cargadas de comida que se dirijen a no sé donde arrastrando los restos de un duro día de trabajo. Creo que lo que ha pasado es que estaba tan cansado del concierto de Kevin y tan aterrorizado de la posibilidad de quedarme otra vez en la calle (aunque lo cierto es que al día siguiente me hice unas cópias de las llaves) que me quedé felizmente encerrado en mi estudio escuchando el CD del nuevo y revolucionario Sweeney Todd (he estado pensando en ir a ver la nueva versión con Pati Lupone y Michael Cervaris que el británico John Doyle ha hecho y que ha revolucionado Broadway al ser una adaptación ultrasobria en la que los actores también tocan los instrumentos... no hay orquesta, cada instrumento se debe identificar con el papel de un personaje, ejemplo: Mrs. Lovett/Tuba, pero por ahora sólo he comprado el CD para escuchar y confirmar que es muy dificil competir con la soberbia versión que yo tanto he escuchado en casette con Len Cariou y Angela Lansbury... acabaré yendo, de cualquier modo), leyendo a Baldwin, hablando con a mystery, containing, like all mysteries, the possibility of torment, y escribiendo este blog. Así que dedicaré esta entrada a explicaros el significado de la mencionada calle 125 y por qué acabé allí.
La calle 125 no sólo es una calle que está a 7 manzanas de mi calle, es la frontera entre SpaHa o "el Barrio" (aunque aquí me he enterado de que yo técnicamente no estoy en SpaHa sino en el East Harlem) y el corazón de la comunidad afroamericana más importante, conocida y seminal del mundo: Harlem. En esta misma calle está el legendario teatro Apollo (Lena Horne, Sam Cooke, Marvin Gaye, Ella Fitzgerald, James Brown, Gladys Knight, Michael Jackson and The Jackson 5, Lauryn Hill, y Sarah Vaughan fueron descubiertos allí) y el celebérrimo Cotton Club (no es el auténtico, ese fue cerrado tras haberlo pasado al midtown). Aunque todo ha quedado casi eclipsado por la llegada de Bill Clinto a esta calle en la que ha establecido sus cuarteles generales (un mes antes cerraron una casa de venta de crack y el barrio se ha revalorizado como la espuma desde que el ex-presidente se pasea por el barrio dos veces al mes... er, antes de su ataque al corazon, claro).
Mi primer paseo por la calle fue un poco apurado ya que me había avisado Jose de que esa zona podía ser peligrosa. Yo, aguerrida dragqueen, me adentré hasta el idiosincrásico Malcom X Boulevard en busca del Cotton Club y me topé con el también legendario Lenox Lounge (Billie Holliday, James Baldwin y Malcom X eran habituales).
Mis ídolos desde niño siempre han sido negros. Por eso, para mí la historia negra es parte de mi historia, de mi alma, de mis referentes emocionales. Por eso me fascinaba la posibilidad de estar cerca de una historia que ha sido mi educación sentimental desde que con 8 años me compré mi primer cassette de Nat King Cole hasta que con 18 viví mis fantasías escuchando a mi ídolo de ídolos Donna Summer. Hasta había leído que en esta zona vivío y fue descubierta Billie Holliday (en la 139, en concreto), así que ningún riesgo me parecía excesivo para poder abrazar mi herencia cultural. Una herencia que en España siempre tuve muy lejana (mis referentes eran Cleopatra Jones o Isaac Hayes a diferencia de los otros niños que hablaban de Don Pimpón y de La casa de la Pradera). Pues bien, fue buscando esa historia negra como acabé no en algún hito histórico que me llevase al borde de las lágrimas, sino en un canto a la prosaica cotidianeidad estadounidense que se ha convertido en mi supermercado favorito: el Harlem PathMark. Está abierto 24 horas y tiene de todo.
Para empezar, el concepto de un supermercado de las dimensiones de el de El corte inglés que está abierto 24 horas ya es bastante fascinante en sí, pero ver a los clientes vagar por las interminables estanterías de productos es un verdadero poema. Especial mención merece una monstruosamente gorda negrona que va en una silla electrica para no tener que quemar ni un ápice de sus 200 kilos de peso. Es una pena ver a una persona destrozar la vida así. Le acompaña una amiga a la que grita con una tiranía que me recuerda al hilarante sketch de Lou y Andy de Little Britain. Aquí, uno se cruza constantemente con esas sillas-motocarros electricos en los pasillos. Portan a masas humanas víctimas de la obesidad mórbida que avanzan por su perdición con una indiferencia faraónica ordenando por aquí y por allá, a alguna ayudante desganada, los poliinsaturados que van a ingerir inmediatamente. Es un panorama bien triste.
Lo que no es nada triste es el pasillo de cereales. ¡Diosa Kali, qué variedad! A mi me encantan así que no me corto y arramblo con todo lo que veo. También me permito comprar el helado que siempre me recuerda a Nueva York, y mi pecado favorito: este. De paso encuentro un mug monísimo por sólo 1$ así que pa la cesta va. Junto con un paquete de mi vicio favorito: plain bagels y uno de pastrami. Sólo me falta la mostaza y ya tengo el Kit del Pastrami para Principiantes.
La obtención del Kit no es óbice para que al regreso a casa (caminando por la Lexington) se me ocurra la nada brillante idea de meterme en un luncheonette que ví al subir que anunciaba Pastrami Sandwich. Nada acertado, apenas he pedido el sandwich con french roll bread y un bagels con mantequilla aparece en la barra un negrazo de dos metros quince con varias cicatrices y cara de pocos amigos. Se sienta en la barra y me mira impávido. Yo, pelin respetuoso me retiro a una mesa.
Entran en acción los cuasidetonadores de la tragedia: una pandilla de niñatos negros montando un escándalo increíble y con serias intenciones de liar a los dos camareros hispanos que los atienden de muy malas ganas y sin quitar ojo a lo que cogen de la nevera. El negrazo, impasible hasta entonces, los empieza a mirar con cara de "a ver si voy a tener que poner orden yo"... empiezo a maldecir la hora en que se me ocurrió pedir el Pastrami Sandwich.
Los minutos pasan como horas mientras yo intento pasar por un nativo con absoluto aspecto de guiri (bolsa negra de diseño y plano a la vista). Poir fin me llega el turno y el imbécil del cocinero se pone a enseñarme el sanwich y a gritarme nosequé en ese inglés de los hispanos que sólo ellos entienden. Yo pregunto una y otra vez que qué quiere... él sigue agitando el pan con carne al aire y espetándome algo que no acierto a descifrar. Entonces, y como un efigie egipcia que vuelve a la vida, el negrazo se vuelve a mi con cara de hastío y me dice impaciente: "heya askin' whayawanna wi'da sandb-ich". ¿Que qué quiero con mi sandwich de Pastrami? ¿Que qué quiero? Quiero que el maldito cocinero se atragante con él y se muera... como el negrazo me la monte por el puto relleno del sanwich lo atraganto yo mismo, vamos... De repente todo el bar me esta mirando como esperando que yo descubra la nueva tendencia de rellenos de sandwiches de pastrami para la próxima temporada o el camino para la tierra prometida al Pueblo de Pastrami. Yo, sin saber como responder a tanta expectativa, me quedo paralizado y digo un tembloroso: "I dunno"...
No, no es que quiera poner a prueba la (aparentemente poca) paciencia del negrazo o del hispano o de los niñatos (que siguen a lo suyo montándola salvo para escuchar qué puto relleno le pongo yo a mis sandwiches de pastrami), es que realmente nunca me han preguntado qué relleno quiero. A mi siempre me han plantado el sandwich con su relleno bien metidito y tapado con el pan y yo me lo he comido la mar de requetefeliz sin convocar un referendum nacional sobre los rellenos de los sandwiches (claro que entre los locales Kosher del Garment District y esto hay un mundo).
En estas estamos todo el bar, incluidos los jodidos niñatos que se han parado en seco hasta que yo anuncie la buena nueva del relleno de sandwiches de pastrami a una zarza ardiendo, cuando el negrazo aprieta los dientes y me dice como quien cuenta hasta 10: "C'mon... you must wanna'omthin... Mayonnaise! Dontya wanna mayonnaisse?" Yo, como si me hubiese recordado el sabor de la leche materna o mi plato favorito, me lanzo a asegurar con un entusiasmo sin parangon que claro, que a mi lo que me ha gustado de toda la vida con mi sandwich de pastrami ha sido la mayonesa, la mayonesa y mis sandwiches de pastrami tienen mucha mayonesa, mayonesa blanca, mucha mayonesa. Mis sandwiches de pastrami siempre tienen mayonesa. La mayonesa es la sal de la tierra... y dame el puto sandwich y dejame salir de esta pesadilla llena de mayonesa antes de que me ponga a gritar...
Oye, pues el cocinero, que debe ser de la secta de los idiotas, me mira tonito y me pregunta indignado que si nada más... Yo, conteniendo mi ira, le aseguro que por mi ni pan le ponga, que eche la mayonesa en la barra y ya la lamo yo de camino a la puerta. El subnormal del cocinero por fin se da por aludido y tras envolverlo en un papel aluminio, con sólo mayonesa, lo tira de mala manera a la barra en dirección a la caja, donde el otro hispano lo mete en una bolsa, me lo planta en la cara mientras mira de reojo a la panda de niñatos, que (tras saber de qué relleno yo mis sandwiches de pastrami) han renaudado su asalto caótico a la nevera, y me lo cobra. Yo pago y salgo despavorido de allí como quien acaba de encontrar un agujero en las duchas de Auschwitz que da a un camion con salvoconductos, transfusiones de sangre aria (como si eso existiese) y capas de invisibilidad.
Llego a casa a la carrera. Abro el botín, me embarduño de mayonesa hasta las pestañas y... ¡me doy cuenta de que no me han metido en la bolsa el baguel tostado!
Desde luego no seré yo quien vuelva para reclamarlo.
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Domingo 9 de Abril del año patriarcal 2006
NOTAS PARA UNA URBANITA EN SPAHA (VOL. 2 y 3)
To be sensual, I think, is to respect and rejoice in the force of life, of life itself, and to be present in all that one does, from the effort of loving to the making of bread.
--James Baldwin, 1962
LUNES: CUANDO UNA DUCHA ES UN GIMNASIO
Amanecí con la preocupación de mi desencuentro con Jose y Marta.
Puesto que Jose ha perdido su móvil, me veo obligado a seguir llamando a Marta para dejarle más mensajes recordándole que este estudio tiene un baño común sin ducha y que habíamos acordado que me duchase en su casa de Astoria. Llamo unas 10 veces y no me contesta ni devuelve la llamada a estas llamadas o las de ayer noche. Heme aqui, abandonado a mi olorosa suerte en "El Barrio" como también llaman al East Harlem.
Extrañado por la actitud de Jose y Marta, decido presentarme en el estudio que Jose está arreglando ahora en la 106 sabiendo que a partir de las 8 de la mañana está alli. Con el sueño pegado al cuerpo, recorro a zancajadas las 12 calles que separan mi edificio del de las obras con un cabreo creciente. Sólo el hecho de ver lo curioso de las gentes y su vida consumista me distrae.
Cuando llego a la 106, por más que aporreo la enorme puerta metálica nadie me abre. Me veo obligado a montar el numerito en la 106 & la tercera de ponerme a gritar hasta que la cabecita de jose se asoma a una de las ventanas de la primera planta (tuve suerte de que estos estudios fuesen exteriores, no como el mío) y me hiciese señales de que esperase tras jugar un buen rato al ratón y el gato escondiéndose tras unos cartones.
Consigo entrar y me cuenta lo que ya me imaginaba: se han peleado. Lo que para mí lo hace especial esta vez es el hecho de que lo hayan hecho con el niño delante y con el bonito número heterocentrista de "¿con quién te quieres ir, con papá o con mamá?" (magistralmente interpretado por Marta que siempre se ha especializado en el fascinante arte del chantaje emocional frente a la amenaza emocional de Jose). Evidentemente, a consecuencia de la bronca yo pasé a un décimo lugar de prioridades de la pareja (entre "¿doy dos portazos o uno?" y "tengo que hacer la colada" aproximadamente), lugar en el que al parecer sigo hoy a juzgar por el poco interés de Jose muestra hacia cualquier problema que yo pueda tener o de hablar de otra cosa que no sea cuánto odia a Marta o lo libre que va a ser cuando se divorcie.
En un breve inciso, una ligera pausa valorativa-respiratoria, consigo recordarle a Jose que yo hace tres días que no me ducho y no estoy dispuesto a montar el numerito de la emigranta limpiándose en el lavabo con una esponja. Él, sin darle mayor importancia al despiste, me ofrece la tarjeta de socio de su gimnasio (en la 106 con la tercera) para que entre disimulando y me cuele en las duchas. Genial, ahora me van a detener y expatriar por ducharme... debo ser la primera en figurar en la causa de expulsión como "ducha ilegal con reincidencia", pienso inmediatamente.
Yo empiezo a angustiarme considerablemente intentando conseguir que Jose me explique cómo es el gimnasio (que ocupa toda una manzana) para pasar por habitual en lugar de meterme en la cinta de correr con mi esponja y mi champú. Jose me ofrece unas vagas nociones de donde están las duchas (bajando a la derecha nada más entrar), pero primero nos toca comer (invito yo, of course) para seguir hablando de Marta y los planes inmobiliarios de Jose que a veces son más complejos que los de Donald Trump.
El restaurante elegido es un cubano de la 106 que se asemeja prodigiosamente al de la primera noche (pronto me daría cuenta de que todos son replicas del mismo esquema, lo que conocemos como comedor de presidio: eliges lo que quieras de un aparador acristalado que contiene varios cubos metálicos con los platos a consumir). Arroz blanco con pollo y banano es mi selección, un café es la de Jose.
Ya hemos repasado el divorcio y consecuente éxito fulgurante en su fase postmatrimonial por décimocuarta vez cuando consigo que Jose se arranque y nos volvamos a nuestras respectivas rutinas: Jose a contruir apartamentos en la 106 y yo a intentar llegar hasta la ansiada ducha del gimnasio sin ser detenido.
Pero eso no va a ser tan fácil, Jose, animado por las bondades del reencuentro con su amigo del alma (y hombro en el que llorar favorito), se lanza a enseñarme todos los estudios que ha construido en una peregrinación que no tiene fin. Así me entero de que en la 106 se ha hecho con toda una planta, en la 107 con dos y en la 108 tiene planes de pillar otra cuando salga de la asfixia de reinversiones en la que se ha metido a cuenta de tanta remodelación. Algunos de los que me enseña tienen unas vistas verdaderamente espectaculares de Manhattan desde el Harlem, aunque ninguna vista rivaliza con la que me enseñó la primera noche cuando nos subimos a la azotea del de la 106 y pude ver desde el Bronx hasta el Downtown iluminado en una noche de primavera. Como dirían en Esperando la carroza: "es tan inspirador".
Por suerte, en medio de tal peregrinación inmobiliaria, consigo que me lleve a un zapatero para arreglar mis zapatos viejos. El zapatero es un claro ejemplar del ignorante hispano intransigente evangelista de aquí te espero. Apenas entramos en la tienducha, lo primero que salta al tímpano es que tiene la radio puesta a todo trapo. Desafortunadamente no es una emisora de salsa o ballenatos (como es el caso en todos los restaurantes que hemos pisado) lo que el señor, de unos cincuenta años, ha sintonizado. No, este zapatero tiene sintonizada una emisora evangelista en español que no deja de gritar con una prepotencia insufrible. Me tengo que chupar los repetitivos "Jesus tiene un plan para tí" o los ridículos "prepárate, hermano, porque Dios te va a llamar" (la versión integrista de nuestro "prepárate, nena, porque ese quiere rollo contigo esta noche... ¿te queda coca?"), o los histriónicos "Dios te va a pedir cuentas, hermanoooo", unas dos mil veces.
Lo verdaderamente odioso de este rebaño de cerdos es el machismo que llevan clavado en sus venas. Ejemplo preclaro de ello es el comentario que nos hace sin tomarse la molestia de cerciorarse qué pensamos cuando ve pasar a una despampanante chica hispana (algo horteruqui, a lo Azucar Moreno con retazos de Jeni Farlopa) tras mirarla con un desprecio: "esa va a tener problemas... es una verguenza cómo va enseñando todo... Diós la va a castigar.... porque esa es la ruina de cualquier hombre que la tenga, de mí, de tí o de tí... porque esa no se conforma con su hombre, esa siempre quiere más..." Yo me quedo verdaderamente helado y empiezo a sopesar si decirle lo que pienso de su machismo o si vale la pena. No, no creo que entienda que "esa" como la llama él tenga que ser propiedad de nadie ni crea que las mujeres han nacido para sufrir su repulsiva dominación. "Esa" va así porque puede y porque le da la gana...
Jose se ve venir el tema y se larga alegando que tiene que buscar unos cables. Lo horrible de la situación es que para entonces el evangelista machista (como si existiese otra especie) ya me ha hecho quitarme mi zapato derecho y me ha dejado en una situación nada deseable... descalzo en la boca del enemigo.
Viendo mi situación de indefensión, el dominicano evangelista se anima y me empieza a comentar en voz alta las subnormaladas de la radio creyendo que yo soy un nuevo emigrante ignorante con el que compartir la "grandeza" de Dios, para pasar a narrarme lo necesaria que es la ley de inmigración que Bush está a punto de aprobar para ganarse el voto de los emigrantes. A mi me falta tiempo para decirle que yo no soy creyente y que me parece que lo esencia es ser compasivo. Él, no dándose por aludido pero si por ofendido se lanza a contar como un vecino de cuando tenía la tienda en Times Square le entró a protestar por lo alta que tenía la radio y él "en un acto de caridad cristiana" le avisó de que Dios le iba castigar por atreverse a cuestionar la evangelización del barrio (que aparentemente pasaba por dejarlos a todos sordas). Acto seguido me narra con gran placer y deleite (ante mi estupor) cómo el blasfemo se quedó sin trabajo a los pocos días, sin casa unos días más tarde, y finalmente, desesperado, entraba a pedirle dinero y él en otro acto de "caridad cristiana" le decía "no te puedo dar porque has ofendido a nuestro señor Jesucristo". Así son los cristianos, la basura de la tierra.
Cuando finalmente me cobra 10$ por coser uno y pegar el otro me voy con la rabia de haberle pagado a ese intransigente ignorante más de lo que me costaron los zapatos nuevos. Pero, al menos me puedo alejar de su ponzoña humana.
Jose aparece tras más de media hora de búsqueda y me presenta a uno de sus alquilados, un cubano promotor de fiestas que me saluda efusivamente. Yo ya estoy deseando volver a mi casa y hacer algo de compra, así que me despido y regreso a mis alturas.
Tras una minuciosa inspección de la tercera avenida, descubro que a la altura de la 123 hay un bbuen supermercado en el que encuentro naranjas, cereales (decidirte por unos cereales es un drama en Nueva York, tienen miles de variedades), leche y yogur de plátano tamaño cubo de basura. En mi estudio me preparo un jugoso bol de cereales y me dispongo a bajar al gimnasio para darme la ansiada ducha. Meto la toalla que me he comprado abajo con Jose (4$) y bajo feliz las escaleras tras cerrar las mil puertas de acceso al estudio, de acceso al pasillo y de acceso a las escalera. Abro la puerta de la calle y... ¡está lloviendo a mares! De vuelta al estudio.
EVERYONE HAD ALWAYS SAID THAT JOHN WOULD BE A preacher when he grew up, just like his father...
Me pongo a leer el delicioso Go tell it on the Mountain de James Baldwin. Ya estoy completamente inmerso en la vida de John y Roy en el Harlem de los años 40, cuando Jose reaparece dispuesto a que sigamos hablando de sus historias con Marta y cómo su inversión se va a multiplicar... Ah, no. Yo me muero de hambre asi que le convenzo para que al menos me acompañe a un chino cercano en el que pedir algo parecido al arroz con pato de Astoria que tanto me gusta.
La compra es un desastre y apenas pruebo el primer bocado me acuerdo de China y las asquerosas comidas frias, la bolsa va enterita a la basura, Jose se marcha y yo me vuelvo a la cama a leer el domingo de misa en Harlem de John y Roy, acunado por la lluvia que no deja de caer.
SpaHa me esta gustando tanto... hasta la lluvia suena distinta aquí. Como un sincopado de Missy o un claqué de mister Bojangles.
MARTES: DUCHADA Y COMIENDO "BISÚ"
Despertar en una habitación de Harlem es una experiencia realmente bonita. Por fin tengo mi estructura hogareña organizada.
Desayuno mis naranjas y el té y me preparo para darme mi primera ducha. Salgo a Lenox para coger el primer autobús que baje, el 1001 en este caso, y escucho a RuPaul decirme que el está bien y se siente mejor. Llego a la 106 y me dispongo a entrar al gimnasio como una espía judia debía prepararse para entrar en Prinz-Albrecht-Strasse 8, la famosa central de la Gestapo en Wilhemstrasse, para no salir jamás.
La tarjeta tiene un código de barras en el reverso que yo debo poner diestramente no sé dónde para que lo lea no sé qué... si he conseguido robar una pila de cedés en el Corte Inglés (hasta que me pillaron, claro) puedo hacer esto.
Entro al enorme hall y me dirijo con resuelta firmeza hacia lo que creo es la entrada con un torno. Me paro frente al torno, hago como que estoy muy entretenido con mi iPod e intento averiguar donde cojones se mete la tarjeta... la intento clavar en una rendija y me doy cuenta de que es una junta de la máquina que yo estoy a punto de saltar. La retiro y pruebo con otra ranura que me parece ver al otro lado... no entra. La intento depositar con delicadeza sobre la máquina esperando que los cristales que hay debajo hagan algo... espero... nada. Los de recepción dejan de hablar entre ellos y me miran extrañados. Unas leves gotitas de sudor empiezan a asomar por mi frente (la idea de echar a correr en dirección al fondo gritando "M'FUCKIN' LATE FOR MY GYM-JAZZ CLASS, GURRRL!!!!!!", pero desecho la idéa por que yo no doy el tipo de pijialumna de Gym-Jazz sino de devota de la clase de "introducción a la gimnasia pasiva para gordas con tiróides fenecido, asma y tensión alta"). Desesperada meto la trajeta debajo de un cristalito con rayos que me recuerda los de los supermercados y... bip, bip, bip...!Aleluya! Me arrojo sobre el torno como las esposas del faraón egipcio se debían arrojar a la fosa: con la mayor dignidad posible que un suicidio pueda tener y esperando que sea rápido y poco doloroso.
Afortunadamente, los recepcionistas vuelven a sus conversaciones y yo me abalanzo a las escaleras intentando quitarme de enmedio lo antes posible. Cuando he bajado el primer tramo me detengo sin saber a donde ir en la enorme planta de abajo que a la derecha tiene una zona guardería para los niños y varias entradas a diversas zonas... ¡hay hasta ascensores! De hecho me quedo un buen rato admirando a una conjuntada chica negra que espera paciente el ascensor vestida de superdeportista de élite. Debe ser una de las cosas más ridículas que he visto en mi vida: ¿un ascensor en un gimnasio? En lugar de correr en la cinta bastaría que subiesen las escaleras... pero, claro, no tienen el diseño de los steps. ¡Menudas mamarrachas!
Me decanto por la derecha (una rareza en mí) y tengo la fortuna de entrar en la enorme zona de taquillas. Presumo que al fondo estarán las duchas. En efecto, así es.
Ya me había avisado Jose de que había una zoona de taquillas para ponerle tu candado (pero él había perdido el suyo) y otra con monedas. Me dispongo a meter las monedas cuando caigo que no puedo ir descalzo por el enorme gimnasio hasta las duchas. Necesito unas zapatillas. Envalentonado por el éxito de la incursión decido volver a salir para compararme unas chanclas.
En la calle tardo nada en encontrar un todo a 99¢ en el que me compro unas floridas chanclas y un candado por 99¢ cada. Regreso feliz al gimnasio y me lío con la trajeta de tal modo que no consigo que se abra el torno y se me cae al suelo (eso por chula, me digo). Finalmente consigo abrir el maldito torno y bajar a ducharme.
Previo a la ducha me dedico a afeitarme en los lujosos lavabos (¡agua caliente, oh!) sabiendo que Jose me ha dicho que lo hacen muchos... el caso es que soy el único, pero lo necesitaba tanto que me da igual si el chico que pasa la fregona cada seis minutos a mi alrededor me detiene a punta de mopa.
Para quien haya sufrido un secuestro o pasado por "La Granja" la privación de agua caliente en forma de ducha no es una sorpresa, pero para los capitalistas occidentales es una de las peores torturas a las que se nos puede someter. La única parte positiva de esa sádica deprivación sensorial es que cuando por fin cae ese chorrito de agua caliente sobre tu piel es lo más parecido a mear tras aguantar en una infranqueable masa en feria (yo siempre recuerdo cómo me martirizaba ir a la Semana Santa en el centro de Málaga porque siempre lo pasaba fatal cuando no me dejaban llegar a un baño), ¡qué placer!
Ya limpito y afeitado, regreso a mi estudio y me preparo para salir a investigar un barrio del que hablo en mi novela: NoLIta (North of Little Italy). Pero en estas llega Jose y me propone que vayamos a comer juntos.
Comemos en un portorriqueño llamado "El Barrio" y yo me pido arroz blanco con "res guisada" tras preguntar qué es eso de "res guisada". La chica que sirve me explica que la "res guisada" es lo que en los EEUU llaman "Bisú". Paralizado ante mi ignorancia del inglés le vuelvo a preguntar y me repite que es "Bisú". Yo, por más que busco en mi archivo sajón, no consigo localizar la palabra. Me desespero por saber qué es esa carne con nombre de guiso haitiano y tras mucho preguntar acierto a comprender que está diciendo "Beef Stew". Me quedo muerta de la interpretación del inglés que hacen estos hispanos.
Tras dejar a Jose en la boca de metro de la 116 me dirijo al downtown con la intención de comprar las entradas en el mítico Joe's Pub para ver a Kevin Aviance mañana. Me bajo en Astor Place y enseguida veo el enorme edificio con banderolas anunciando "50 YEARS THE PUBLIC THEATER".
La suerte me sonríe cuando llego a la puerta del local adyacente al gigantesco Public Theater (cinco teatros y un asombroso parecido al Círculo de Bellas Artes) que es el Joe's Pub: están descargando instrumentos y la puerta está abierta. Yo, como el que no quiere la cosa, me meto para adentro y fisgoneo de lo lindo. Nadie parece percatarse de mi presencia así que puedo hasta meterme en el escenario y confirmar que es pequeñito pero muy coqueto. La jugada me sale redonda cuando, tras entrar en el hall principal del edificio para comprar las entradas (yo pensaba que las vendían en el Joe's Pub) pregunto por los aseos y me doy de bruces con la cabina de sonido. Una que es espabilá de profesión se mete de cabeza y cotillea todo el sistema de sonido. Especfabular.
De vuelta a la magnífica Lafayette (aquí empieza el alternativo East Side) opto por bajarla andando hasta llegar a Houston (pronunciada haus...ton) para meterme en el SoHo a la derecha y NoLIta a la izquierda.
SoHo sigue siendo un barrio de élite para galeristas y modelos, pero el caso es bien distinto con NoLIta: es bastante cutre. Es más una estrategia de marketing lo que lo ha promocionado como el nuevo SoHo que una realidad. Hay una boutique aquí y otra allá pero los edificios están que se caen (aunque en esos es donde encuentras los lofts más alucinantes). Tras pasear por Mulberry y Spring fotografienado localizaciones para mi novela me compro un Snapple y decido regresar a mi casita.
Cuando salgo en Lexington, se ha puesto a llover, así que aligero deseando meterme en mi habitacioncita a darme un pequeño banquete de mis Granola favoritos con leche.
En este momento se hace necesario que explique que Jose tiene un sistema un tanto peculiar para las llaves de la puerta de entrada al pasillo distribuidor de los estudios. El niño, en un arrebato de modernez ha puesto este (no. 5401) sistema para poder coger la llave que abre la puerta exterior. Yo insistí en que me hacía una copia, pero no hubo manera. Mantenía que ese cajetín era el mejor sistema y que bastaba con que me aprendiese la combinación de memoria.
Siguiendo con el relato, supongo que más de uno se habrá imaginado que cuando llegué a la puerta de casa, helado de frio y agotado, me encontré con la nada agradable sorpresa de que el cajetín estaba abierto, la combinación marcada y.... ¡no habían llaves! Casi me caigo desmayado del disgusto. ¿Qué mierda iba yo a hacer ahora?
Menos mal que recordé que Jose me había dicho que hoy iba a estar trabajando hasta las 9 de la noche, así que, al borde de las lágrimas, corrí hasta la 106 rezando por que aún no se hubiese marchado porque no recordaba la dirección de Astoria y me veía en la calle toda la noche.
La buena estrella quiso que la luz del primer piso de la 106 estuviese encendida, aunque la puerta de abajo estaba cerrada. Me harté de aporrearla con ira y rabia, pero nadie la abrió. Desesperado me puse a dar gritos en medio de la calle y a mover los brazos intentando llamar la atención de quien quisiese que estuviese dentro. Por fortuna, en una de esas Gerardo se subió a unas escaleras y miró al maniaco que gritaba dando brincos en medio de la calle... muy sonriente me saludó. Yo le pedí que abriese y él avisó a Jose que al rato largo se asomó y entendio que debía abrir abajo.
Cuando abrió la puerta de abajo mi histeria era tal que me lancé a gritarle que nos habían robado las llaves. Él con absoluta indiferencia se metió para adentro y subió al estudio. Yo aún estaba narrando mi terror ante la situación e imaginando posibles soluciones cuando Jose reapareció muerto de risa con las llaves balbuciendo un jocoso "ay, me las traje sin querer". Me puse tan furioso que empecé a gritar... él sin dudarlo, se metió dentro y cerró la puerta con llave diciéndome un soberbio "yo no voy a discutir contigo". Me volví a casa hecho una hidra y dormí deseando que toda la calle 106 se derrumbase esa misma noche encima de Jose.
MIERCOLES: LA LLAVE DE MI DESTINO, DIN DA DA
Tras convocar conferencia de urgencia con Paloma y Archie toda la noche, me despierto con la firme resolución de hacerme una copia de las malditas llaves. Sin dudarlo, me bajo a buscar un sitio en el que copien las llaves y encuentro, gracias a una atónita viandante que me indica un gigantesco cartel que dice KEYS, el sitio perfecto. En menos de diez minutos las llaves están hechas y en mi bolsillo. Un problema menos.
Satisfecho, vuelvo a comer a "El Barrio" y pido lo mismo (última vez, por cierto, el "bisú" es bastante dificil de digerir). Poco después me decido a seguir una sugerencia de Jose: bajar hasta la última parada de la linea 6 y cruzar el puente de Brooklyn a pie para desembocar en D.U.M.B.O (Down Under Manhattan Bridge Overpass es donde acabará mi novela).
Es curioso que en tantos años de vivir en Nueva York jamás se me hubiese ocurrido pasar el Puente de Brooklyn, pero ahora que estoy en él comprendo que es magnífico.... hasta que se me ocurre la pésima idéa de mirar por entre las rendijas del suelo de listones de madera y veo el río a 50 metros de altura: casi me cago encima.
Me entra tal ataque de pánico que me agarro a una de las vigas y desando a duras penas el camino andado acordándome de una pobre señora alemana de la que me reí en Mallorca cuando le entró un ataque de vértigo semejante en el mirador de Formentor y la tuvieron que llevar a rastras dos amablaes jubilados hasta la entrada. Casi no puedo andar obsesionado con que me voy a caer... a medio camino de vuelta me doy cuenta de que es ridículo, a mi lado no dejan de pasar bicis y corredores haciendo footing. Decido enfrentarme a mis miedos y vuelvo a encaminarme hacia Brooklyn. A los pocos metros he olvidado el vértigo y disfruto del radiante día de sol y de la silueta de Miss Liberty a lo lejos. Esta es la esencia de Manhattan.
Lo que no es la esencia de Manhattan, sino de la América de Bush son los enormes letreros que adornan varias torres en la zona en la que desemboca el puente. Son visibles desde todas partes y repiten frases del tipo LEE LA PALABRA DE DIÓS EN LA BIBLIA a tamaño monstruoso. Me quedo sobrecogido por el poder que la derecha religiosa está consiguiendo en estos feudos que tradicionalmente se escapaban de sus zarpas. Apunto el nombre que aparece en todas las torres: Watchtower. Más tarde lo miro en internet y descubro que es la Sociedad de Testigos de Jehová. Se han hecho con la mayoría de edificios de DUMBO a modo de pancartas religiosas. Menuda patulea.
Cuando llego al otro lado, me hacen andar cerca de un kilómetro entre dos vallas de cemento para poder salir y desandar lo andado. Es una estupidez que no entiendo. ¿Por qué tengo que meterme en el centro de Brooklyn para poder volver al puente por fuera hasta llegar a DUMBO?
En fin, tras andar lo incontable, por fin consigo meterme en DUMBO y buscar el edificio donde acabará la novela. Tras perderme entre Pearl, Water, Washington y Front consigo llegar al maravilloso parque del Fulton Ferry... es una ruina de ladrillo rojo completamente abandonada entre el rio y el puente. El barrio es bastante fantasmagórico, así que no entiendo cómo son las familias las que se están viniendo a vivir aquí. También es obvio que es la residencia de los artistas millonetis a juzgar por las elitistas tiendas que hay: un café ultralux dedicado al snob movimiento raw (comida cruda), un edificio entero de galerías de arte que tiene un ciclópeo GALLERIES naranja decorando toda la entrada, un local en el que se exige chaqueta y corbata, una filial de la legendaria Grimaldi's, la pizzeria con horno de leña de superlujo que todos quieren probar, mucho local de superdiseño y, en fin, como lo explica este comentario en un blog, un nada alternativo modo de vida Boho Chic:
Isn't Grimaldi's over in DUMBO? and the Ice Cream Factory? and the River Cafe? and a stop for the Water Taxi? I think it's been pretty much discovered...the clock is probably ticking on the neighborhood right now. It's a big spot on the weekends for the East Vilage and LES crowd who don't feel like waiting 2 hours to get into the Clinton Street Baking Co. for brunch. I'm guessing it won't be long until we see DUMBO featured on The Apprentice.
Posted by: Michael Doherty at October 17, 2005 03:40 PM
Sin embargo, todavía quedan retazos de la Industria del Cartón que caracterizaba a la zona. Encuentro varios edificios llenos de desechos de carton y enormes camiones... aquí es donde traen el cartón que los neoyorquinos dejan en la calle. Me enamoro de uno semiabandonado y me meto en el sotano que está lleno de ratas comiendo los restos del cartón y decido que ese es mi edificio: esquina de Plymouth con Anchorage Place. Pondré fotos.
Estoy otra vez metido en el garaje con cartones cuando recuerdo que he quedado a las 7 con María, la vecina de Cristobal que todos los años celebra Año Nuevo con la puerta abierta para que los heteros de su fiesta pasen a la nuestra maribollo y viceversa se ha venido a vivir a Nueva York. Corro buscando una combinación de metro que me sea oportuna y consigo llegar a la cita tras cambiar de la A en Jay Street a la 5 en Broadway y de esta a la 6 en Brooklyn Bridge. ¡Sin equivocarme!
Afortunadamente, María no se ha marchado cuando llego al hall del Public Theater con la lengua fuera y agotado de tanta expedición barrial. Hablar con María es una delicia y saber que estamos tranquilamente sentados en el la entrada del Joe's Pub una tranquilidad. Podemos hablar del amor y del desamor con pausa hasta que vaya a empezar Kevin Aviance a las 9.
María se marcha para encontrarse con su nuevo chico neoyorquino, Andrew, creo, y yo me dispongo a entrar a cenar al Joe's Pub ya que me habían dicho que sólo si cenas te reservan mesa.
La mesa que me asignan es para echarse a llorar, al fondo y empotrada entre varias nichomesas adyacentes... ¿y para esto voy a pagar la cena en lugar de consumir las dos copas mínimas? Indigando vuelvo a llamar a la camarera con aires de actriz en ciernes (mirada de "¿me puedes repetir mi subtexto, mi superobjetivo y mis circustancias dadas?", piercings y chicle) y le espeto que si no puede conseguirme una mesa mejor. La chica me mira alucinada y, tras sopesar la gravedad de la situación, se limita a contestar: "déjame preguntarle a la encargada"... vamos, ¡ni que le hubiese pedido subirme a cantar Paquito el chocolatero al escenario mientras actua Kevin!
Un minuto más tarde vuelve y me notifica satisfecha que puedo coger la mesa que me de la gana siempre que no tenga un cartelito de reservado, así que "feel free to wonder around". Pues si hija, me voy a sentir de lo más free para wondear around. De hecho me siento tan free que me quedo muerta cuando veo que una estupenda mesa para cuatro a los pies del micro y en la primera fila está libre y sin cartelito. Mi "wondereo" se acaba de inmediato. Si quieren que me vaya van a tener que pelearlo... de aquí no salgo ni con agua caliente.
Mi detereminación se duplica cuando leo el patético menu y veo los precios... obviamente es un sacaperras muy bien estudiado si quieres asegurarte una mesa. En fin, me decanto por los Linguini and Prince Edward Island Mussels y rezo para que no sean demasiado horrorosos y los mejillones estén más frescos que la imaginación del que escribiese la carta.
Cuando los mejillones al microondas llegan me tengo que concentrar para distinguirlos de los linguinis con tinta de calamar... me llevo el primer bocado y.... ¡Andale jalisco! Guadalajaraaaa, guadalajaraaaaa.... alguien se ha vuelto loca con el chile picante. ¡qué horror! Y encima la cocacola que me han traido es tamaño chupito... en fin, Kevin compensará todo esto.
Kevin Aviance es una de las pocas elegidas del downtown que gozan del estatus de "legendaria", así que no es de extrañar que su única actuación levante cierta publicidad (aunque la asistencia es moderada). Yo, aparte del éxito dance Din Da Da (ahí podéis ver el vídeo), no conocía nada de él, así que venía preparado a cualquier cosa. Lo único que sé de este espectáculo es que se llama Audrey y es, al parecer, un homenaje a su madre (la biológica, supongo, porque en la House of Aviance la única madre es la legendaria Mother Juan Aviance). Me interesa el aspecto stand-up alternativo de cara a mis próximas actuaciones... así que adelanto que me quedé con dos palmos de narices porque de stand-up ná de ná. Es una actuación musical con un sonido soberbio (a mi me recordó la banda en todo momento a Me'Shell NdegéOcello que para mí es la diosa suprema, lo mas sublime, así que imaginaros lo que me estaba gustando). El problema es que Kevin de diva, de tantrums, de drama queen y de pose tiene mucho, pero de voz nada de nada. Se quedó afónica a la mitad y eso que nunca pasa de un recitadito grave entre Isaac Hayes y Grace Jones, muy bonito pero nunca despega como estos dos iconos personales que iluminaron mi adolescencia. Una pena, porque aparte del refinadísimo aspecto musical, a Kevin se le va mucho la cabeza con escenitas de marica-mala de after-hours que a mi no me interesa lo más mínimo.
Eso sí, cuando canta el Sometimes I Feel Like a Motherless Child y, sobre todo, una versión jazz del Din Da Da que empezó con soplidos y suspiros (un listo intentó sumarse y ella lo paró de cuajo y le preguntó tajante: "¿quién va a hacer la canción, tú o yo?" el marica, que la estaba montando pidiéndole matrimonio de rodillas, se quedó muerta y se volvió a su sitio sin chistar), se te ponen los pelos de punta, maricón.
En fin, una noche muy hermosa.
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Miercoles 5 de Abril del año patriarcal 2006
NOTAS PARA UNA URBANITA EN SPAHA (VOL. 1)
Bienvenidos a esta fascinante novela por entregas que es mi vida en SpaHa. Sirva esta entrada de notas de viaje de un maricón pintado en travesía por su imaginario. Acomódense en sus sillones y escuche, escuchen...
DOMINGO: EL MISTERIO DEL RETRETE AUTOREPARADO
El retrete se ha autoreparado milagrosamente durante la noche del sábado. Cuando le pregunté a Jose me dijo que Gerardo, el chico que le cuida los estudios, le dijo que estaba perfecto cuando llegó a la 118. Quizás no tiré con bastante ahinco de la cisterna (principalmente por mi miedo a ver la mierda flotando por todo el baño) y alguno de los alquilados lo hizo con toda naturalidad... quizás intervino el Señor de las Mierdas (o San Bush) y lo hizo desaparecer con una simple invasión preventiva.
El caso es que hoy, apenas me despierto y desayuno mis riquísimas naranjas con té, llamo a Astoria para quedar con Jose y Marta con el fin de conocer a su hijo Julián que ya tiene 5 años. Ya han decidido pasar el día en Central Park (original, muy original) y a continuación ir a comer todos a un vietnamita en Canal Street ("un vietnamese" lo llama Jose en un alarde de anglicismo desbocado). Previo a la excursión Jóse tendrá que ir a un banco para ingresar los cheques de sus alquilados y poder así comprar un móvil nuevo ya que el Blackberry que tenía se lo olvidó en un restaurante justo el día antes de venir yo y no lo volvió a ver jamás.
Tras mucha discusión decidimos fijar la cita en la fuente que hay frente al Hotel Plaza. Ambos conocemos el ínclito lugar aunque por diferentes razones, para mí es el escenario en el que Barbra Streisand retira el flequillo de Hubber por última vez y Sarah Jessica Parker remeda la escena con mr. Big cuarenta años más tarde y un millón de veces menos lucída... para ellos es una fuente que hay a la entrada de Central Park
Llego al mítico punto y me encuentro un Hotel Plaza andamiado, lleno de plásticos y en obras. Leo con desmayo en un sucio cartel que va a ser transformado en condominios. Al parecer, la especulación inmobiliaria no sólo está destrozando Madrid (y haciendo mucho más rica a su corrupresidenta). Apenas me he recuperado del disgusto, soy consciente de que llevo veinte minutos en la maldita fuente y la "familia feliz" no ha dado señales de vida.
Tras batallar con mi mal humor y la sensación de que ya sabía que esto iba a pasar (cada vez que salen juntos acaban discutiendo), localizo una hilera de cabinas a la entrada del parque y me dispongo a llamar al móvil de Marta como habíamos quedado en caso de emergencia. Cabina tras cabina me devuelve los 25 centavos y corta la comunicación cada vez que llamo al móvil. Misma experiencia en 9 cabinas. Me hago a la idéa de que no los voy a ver hoy (desde luego no voy a perder todo el día persiguiendo cabinas y móviles). Decido organizarme por mi lado: mi estomago pide alimento a gritos.
Opto por bajar a Union Square para comer los deliciosos noodles de Republic, una tradición mia desde que abrieron en el noventa y tantos. Los fideos de Republic están realmente buenos y nunca sabes cual pedir, pero en esta ocasión yo me decanto rápidamente por el 20 (Chicken Udon) y me deleito con el chuperreteo consecuente. El camarero, un chico asiático muy simpático, me dice que son sus favoritos (supongo que se lo dirás a todas, nena) y me sonrie cuando ve el placer con que los como. Quizá es una estratagema más para conseguir mayor propina.
El vecino Barnes & Nobles es otro de mis templos de peregrinaje ineludibles, un festín de libros que nunca me pierdo cuando vengo a esta ciudad en la que cada día cien escritores presentan sus libros recién publicados y otros cien leen los suyos más vendidos (o se lo hacen leer a grandes estrellas del celuloide, acudir a lecturas se ha convertido en el evento de moda esta temporada para celebridades y socialites). Tras una pausada inspección de la sección de Ficción (un libro de Alan Cumming promete bastante pero lo dejo para más adelante), compro por fin todo lo que me falta de James Baldwin (especialmente el Giovanni's Room que le presté a mi hermano hace años y me lo perdió)... pero, sobre todo, hago compra ideológica (así le llamo yo a comprar las obras de los artistas que admiro y respeto porque estan haciendo un trabajo excelente... hay que apoyar con tu dinero a los que se arriesgan). Así me hago con los cedés de David Cross que ya me había bajado. Lo admiro sobre todo porque es increible cuántos puntos de vista compartimos tanto en su excelente debut en stand-up Shut Up, You Fucking Baby! como el transgresor It's Not Funny. Me encantaría decirle un día cuanto me ha animado su transgresora valentía.
También cae en mi cesta ideológica el maravilloso Red Hot de RuPaul. Al fin y al cabo, se ha convertido en mi banda sonora durante esta estancia. Este último lo compro en el Virgin Megastore de Union Square que deja bastante que desear y en el que te cobran hasta por entrar en los baños (no, no es un eufemismo, realmente me advierten que tengo que meter monedas en el baño para usarlo).
Otra misión del día era buscar los malditos zapatos a un precio más competitivo que en SpaHa, ya que Marta me había dicho que aprovechase que aqui ahora tienen las rebajas de primavera para encontrar algo bueno en el downtown, pero todas las tiendas en las que entro son ridículamente caras. En SpaHa por lo menos me llevo algo lolailo y genuino. Finalmente decido encaminarme al Village.
Siempre me lio muchísimo en el Village porque las calles son oblicuas a las avenidas y no consigo orientarme o fijar mentalmente la imagen del plano. Esto me da muchísima rabia, asi que esta vez pierdo bastante tiempo intentando averiguar la ubicación espacial de toda esa red de calles hasta entender por qué Sheridan Square siempre se me pierde.
Tanto ir para alante y para atras trazando el plano del Village me deshidrata, así que decido meterme en el primer Deli que veo con tan buena suerte que recuerdo que me había propuesto probar los Mallomars este viaje.
Es increíble lo mal que habla inglés en Nueva York todo el mundo, la pronunciación es horrenda, así que normalmente es una epopeya hacerte entender. En esta ocasión, tras repetir la palabra treinta veces y explicar que son galletas cubiertas de chocolate, me dice el dependiente hindi que no conoce esos "May May" y acto seguido me muestra una estanteria llena de Mallomars que para sorpresa suya no conocía.
Yo nunca he sido de dulces, pero como abro mi nueva novela haciendo al protagonista deleitarse con los Mallomars me sentí obligado a probarlos. Para redondear la experiencia protoamericana me compro un Dr Peppers... ¡Puaj! ¡qué dulzonerío!
Mientras me saturo de dulces, me deleito paseando bajo el radiante sol que baña toda la calle Christopher hacia el Hudson. Lo maravilloso del paseo es cuando desemboco en los muelles de Christopher, atestados de maricas y bolleras patinando y haciéndose arrumacos. Una delicia.
Pero la buena suerte no acaba ahí, a mi regreso a Union Sq para coger la linea 6 (que para en la 116 con Lexington, a dos calles de mi edificio) paso por una tienda llamada Aldo que anuncia rebajas del 50 %. Entro y para gran sorpresa veo una colección de zapatos más que decentes y a muy buen precio. Tanto es así, que finalmente me compro estos por sólo 9$. Un lujazo.
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Domingo 2 de Abril del año patriarcal 2006
LA GENTRIFICACION DE SHANGAY EN HARLEM
Voy a vivir un mes entre Nueva York y Carolina del Norte.
Un estudio en la calle 118 es mi residencia neoyorquina, entre la tercera y Lexinton. Esta zona es pleno Spanish Harlem, East Harlem para ser más exactos, aunque ahora se está poniendo tan de moda que ahora lo llaman SpaHa... como dice Marta, cuando le ponen un acrónimo a un barrio es que el dinero se esta moviendo en esa dirección.
El espacio que se va a covertir en mi residencia neoyorquina las próximas semanas y que Jose Luis, mi hermano, llama "el estudio" esta perdido en un laberinto de pasillos y puertas que han resultado de las habilidades constructoras de Jose Luis, ahora devenido agente inmobiliario por mor de sus contactos en Harlem y su creciente fiebre constructora: tiene una planta en la 106, dos en la 108 y una aqui, en la 118... vamos, que mi prima esta "on fiah" como dicen por estos lares.
Al poco de llegar, fuimos a cenar a uno de los numerosos restaurantes hispanos del barrio. Es enormemente llamativo el hecho de que aqui todo el mundo te hable inicialmente en español y luego, si no los entiendes, lo intenten con el inglés. Los "mi amor", "papacito", "mi hijo" y "señol" están a la hora del día en esta zona de la ciudad. Es sorprendente, cuando vas caminando, cómo te cruzas con animadas conversaciones de puertoriquenos y dominicanos acompañadas de exagerados gestos y más exageradas aún entonaciones o cantinelas. Es un barrio muy calido y vivo. Comprendo perfectamente que las manufacturadas estrellas del pop se inspiren en esta estética para sus vídeos: resume lo mejor de la multiculturalidad de Nueva York y la exhuberancia del ghetto fabulous. Tambien comprendo que fuese la cuna de la célebre Harlem Renaissance.
Desde que mi taxi --50 dolares desde JFK me ha cobrado el hindú simpatiquisimo que me ha traido-- se detuvo frente al edificio que me cobija, la fortuna atmosférica me acompaña: un sol radiante anima a los lugareños y en la calle ves por todas partes a gente cantando rap y holgazaneando como si perennemente habitasen un perezosamente festivo domingo caribeño.
De hecho, cuando por la noche salimos a cenar, me di cuenta de que la deshinibición y sociabilidad campan a sus anchas en este barrio: todo el mundo te sonrie y te habla si los miras un solo segundo. Especialmente las estupendas negronas de ochentaytantos que se pasean resueltas para disolver su soledad entre el bullicio.
La verdad que la vitalidad de estas calles te alegran hasta la mas trivial de las tragedias: hoy fui en busca del zapato perdido --los mios se han roto a los diez minutos de aterrizar, culpa de mi empeño de viajar con los zapatos mas domados en lugar de con alguno de los fantásticos pares nuevos que he dejado en Madrid, como me advirtio en Berlin Archie-- y el resultado ha sido una divertida confirmación de que el taconazo macarra impera en SpaHa (yo creo que me voy a apropiar de unos para recordar mis tiempos ciberdrag). También triunfan las carisimas Timberland, y se deben comprar como churros a juzgar por su ominpresencia en los escaparates de todas las tiendas por encima de la 100. Las dependientas hablaban en español entre ellas tomándome por americano y permitiéndome de paso escuchar las displicentes narraciones de novios que no llaman o amigas que te faltan el respeto. Sus pintorescas conversaciones te animaban a quedarte horas rezagado en las caóticas zapaterias ignorando el hecho de que tardasen horas en buscar un modelo. Da igual, es encantador el modo en que te tratan como si fueses un cuñado algo lejano pero igualmente querido que se acepta de buen grado. Incluso cuando sales sin comprar te espetan cariñosamente un meloso "didn't find anything, papito?" o un cadencioso "Have a nice day, mi amol".
También me he aventurado por las coloridas tiendas de la tercera en busca de utensilios domésticos para desayunar o hacer algúna comida en mis sobrios aposentos harlemcianos. Ya tengo un bol para los cereales, un plato para mis naranjas matutinas y cubiertos con los que cortar y pinchar el queso o las manzanas que pienso desayunar cada día.
Pero al final, como siempre, es en la cotidianeidad donde surgen las grandes tragedias: un pequeno drama esta a punto de desatarse hoy porque el unico baño que tiene la planta de estudios se ha atascado... me niego a pensar que mi mierda sea mas densa que la de los demas. Simplemente es mala suerte, me ha tocado a mi.
Espero que podamos desatascar el mierdodromo ahora que me he instalado mi set de tetera, fruta, servilletas, platos, cubiertos, y me he apropiado del ordenador de JLuis para seguir escribiendo de noche mientras escucho The Flow, la emisora de neosoul en XM Satellite Radio que me acuna cuando escribo o paso horas mirando los projects de enfrente, fascinado con la vida de este barrio marginal que la gentrificación se esta apropiando a pasos agigantados.
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