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Sabado 23 de Abril del año patriarcal 2005
NAZINGER Z: HABEMUS FÜHRER (HITLER I DE ITALIA Y II DE ALEMANIA)

Me preguntaban antes de ayer en un estreno teatral al que fui con mi adorada compi de Granja Loreto Valverde que qué opinaba de Benedicto XVI... ¿qué se puede opinar de un nazi chocho que tiene como prioridad perseguir a mujeres y homosexuales para volver a la Edad Media en la que él se siente cómodo?: ¡qué ha elegido muy mal el nombre papal!
Podría haber aprovechado la gran expectativa para innovar quedándose su propio nombre seguido de una letra: Nazinger Z, con ese regusto de simplista comic infantil, sería mucho más popular el los paises del tercer mundo (en los que los empresarios del Vaticano y su presid... er, Papa, siguen teniendo puestas todas sus esperanzas de continuidad). Aunque bien visto, Bene dicto tampoco es desacertado y ciertamente descaradillo. Define muy bien lo que él ha estado haciendo durante años con Juan Pablo II: dictar su doctrina de odio e intransigencia.
Pero no sería sincero si no dijese que uno lamenta un poco que el cardenal Nazinger no haya optado por un nombre que evidencie más espectacularmente su férrea orodoxia dogmática, su tradicionalismo grandioso. Sí, verdaderamente, es de extrañar que no haya elegido un nombre ungido con un regusto más imperial. Un nombre poderoso, imponente, que dé fe de la firmeza, autoridad y tradición co la que este Papa va a gobernar el mundo entero, va a reconquistar todo el grandioso pasado de la Iglesia Romana retomando los objetivos de su predecesor: Hitler I de Italia y II de Alemania. ¿No sería un bonito modo de dejarse de tonterias y saludar a sus precedentes nacionales e ideológicos?
Como gran efecto de salida, debería dejar boquiabiertos a todos con una canonización que superase en partidismo y sinrazón a la del anterior Papa cuando se descolgó con la medalla a los servicios prestados a ese gran Santo que fue Escrivá de Balaguer. ¿Qué os parece Espe Aguirre? Yo creo que la canonización de Santa Espe Aguirre como Santa Patrona de todos los Especuladores Inmobiliarios sería un golpe de efecto dificil de superar... o, mejor aún, ¿por qué no hacerla Santa Patrona de todos los Tránsfugas? Y, además, la capilla, que inauguraría Hitler I por supuesto, se levantaría en la golosa prolongación de La Castellana, en terrenos de su marido... y, en una espectacular vuelta de tuerca, cambiaría de dirección cada dos días como señal de agradecimiento a sus protegidos (que no gustan frecuentar las mismas sedes).
Aunque uno tambien se sorprenda de que Hitler I no haya optado por un nombre más mediático y que reconozca la labor de difusión y evangelización de La Obra que los medios de comunicación están llevando a cabo en la Piel de Toro: Telemadrid I. ¿No os habría parecido una estupenda manera de justificar la programación de esta excelsa cadena? (Quedando claro, esto es, que los publireportajes a Ansar y Ana Botella como beatos de la cadena siempre deben ser preservados). Más adelante podría haber añadido el de TVE I y telecinco V de España a sus titulos papales (un papa con humildes ideales ecuménicos no debe hacer diferenciaciones y estar atento a recompensar la labor evangelizadora de ese otro gran engendro de La Obra que es el Grupo Vocento, propietario de TeleCinco).
Yo, en cualquier caso, creo que este Papa ha entrado con muy buen pié en eso de superar a su pupilo y predecesor al pedir, con la inestimable ayuda de sus cardenales y obispos, que los funcionarios públicos de España impidan la celebración de matrimonios homosexuales aún a costa de sus propios puestos de trabajo. Se me llena el corazón de gratitud al ver como el periódico ABC da esta noticia en portada para hacer saber a todos sus fieles robotizados como apuntillar un poco más su integrismo. El mensaje del Papa no tiene fronteras y los soldados de Cristo no descansan (un saludo desde quí al periódico ABC que tan buena labor está haciendo). ¡Qué buen bombazo de salida, Hitler II!
enlace a esta entrada (con divagaciones) | 
Miercoles 6 de Abril del año patriarcal 2005
AL ESTE DE BERLIN... MI CORAZÓN
“Y volví el rostro y vi todas las injusticias que hay bajo la capa del cielo, y he aquí que había lágrimas en los que padecían injusticias sin que nadie los consolara, y los que cometían la injusticia eran demasiado poderosos. Y alabé a los muertos, porque habían muerto ya”. Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz
Nunca una ciudad me ha impresionado tanto. Nunca antes me había robado el corazón esa incierta brisa que corre al este de Berlín y te habla de vidas extraordinarias, de intentos de cambiar la historia, de ideales que ya sólo son fantasmas que vagan por entre los neones de MacDonalds o Starbucks, ululando con pesar al ver a los vivos arrastrar las cadenas de un capitalismo para muertos (de alma y de ideales).
Mi alma se ha quedado allí. Entre Alexanderplatz y la Prenzlauer Allee. Sentadita frente al Palacio de la República. Admirando su despellejada fachada que tanto me ha obsesionado cada día que he pasado allí. Llorando frente al muro que nunca debió existir y las miles de casas que albergaron sueños de cambiar el mundo. Arrodillada ante la Neue Wache, el monumento que más me ha impresionado. Agarradita a la base del pirulí de Alexanderplatz que un día habló de la supremacía del pueblo, la única amenaza roja que ha tenido el capitalismo. Mi alma está cantando la Internacional por calles y puentes de Berlín. Más roja que nunca. Mi alma está muy cansada estos días.
Para mi es ciertamente difícil separar sensaciones de realidades, pero seré bueno y os contaré mi viaje como si de un touroperador ofreciendo la semana de Shangay en Berlin se tratara.
Dia 1. Salida desde Barajas y llegada a Prenzlauer Berg.
Archie se había ocupado de reservar todo y organizar el viaje. Un amor. Encontró unos excelentes vuelos en Iberia que nosotros cogimos a las 3. En previsión de la precaria rebaja de servicios aéreos (ahora cobran hasta por levantarte la mesita) también preparó unos ciclópeos bocadillos de jamón ibérico, aceite de oliva y tomate, "por si nos entra hambre en el avión".
Media hora más tarde estábamos montándo la de de la Diosa en Kali, chorreando todo con el aceitito que goteba de los bocadillones y sendos envoltorios de aluminio y comentando lo bueno que estaban los bocadillos. Yo ya me había decidido a olvidarme de todo y a hacer la payasa por la via grande cantando el Ich bin Schnappi das kleine cocodrile, la canción de la MTV alemana, a coro con Archie, cuando una asistente de vuelo se acerca a mí y me dice (apunte escénico: varios churretes de aceite cayendo por mi barbilla y bocata en mano): "Perdona, ¿te importaría hacerte una foto con nosotras? Es que somos admiradoras tuyas y no hablamos de otra cosa... nos encantas, Shangay". Me quedé muerta.
Me hice la foto de rigor con las encantadoras asistentes y contesté a su inesperado cuestionario frente al flash ("¿quién va a entrar a la Granja ahora? ¿Tú no vuelves, no?" y otras extravagancias que me descolocaron bastante). Finalmente llegamos al aeropuerto de Tegel entre risas y atenciones.
Ahora pondré especial esmero en retratar meticulosamente la escena.
Archie vivió en Berlín Este hasta los 8 años, así que para él este regreso era un momento muy emotivo. No paraba de comentar todo. Lo que había cambiado y lo que era igual. Lo que recordaba y lo que no. Así que yo lo parodiaba continuamente agarrándome a las puertas, las sillas y las ventanas o señalando los aviones mientras gritaba extasiado: "¡Es igual que entonces! ¡Es igual que entonces!".
Tras abandonar el aeropuerto entre saltitos y risas, nos cogimos un taxi hasta Prenzlauer Berg donde se encontraba nuestro hotel. Y Archie contuvo la emoción como pudo admirando Pankov y los barrios que nos acercaban al hotel. Es de destacar el hecho de que nuestro hotel estaba en el lado Este y eso hizo más emotivo el momento del reencuentro de Archie con su infancia.
Pero aquí es donde toda emotividad se evapora, da un giro inesperado y se convierte en una pesadilla cuando descubrimos al llegar que el hotel que habíamos reservado por internet era un cutrerio espantoso y el dueño un genuino cerdo. Se llama Berlin Guesthouse-Amsterdam Pensión para que nadie vaya allí jamás. Nos trataron a patadas y maltrataron nuestra buena fe. Cuando, tras obligarnos a adelantar el dinero de toda la semana e intentar cobrarnos un 5% de recargo por no pagar en efectivo, nos enseñaron la habitación reservada, se nos cayó el alma a los suelos: una era un semisotano sin armario y apestando a tabaco, con la ducha empotrada en un boquete y el water montado sobre una poltrona de cemento. As-que-ro-so. Encima, el cerdo, con bastantes malas maneras, nos informó de que la otra habitación era doble temporalmente y que la tendríamos que cambiar a mitad de semana por otra individual que ahora estaba ocupada. En fin, un asco.

Tras reflexionar, decidimos pedir dos dobles y pagar la diferencia porque en la invidual, un zulo dando a un patio, era imposible dormir. Cual no sería nuestra sorpresa ciuando el cerdo nos dijo que no, que ellos nos estaban regalando dos días en una "lujosa" doble y que era lo que había. Para rematar la faena, nos amenazó con que buscásemos otro hotel si no nos gustaba advirtiéndonos "amablemente" que... "Berlin esába lleno por Semana Santa y no encontraréis nada". Archie estaba indigando y yo enfurecido. Como ya me conocía el percal de ciertos hoteles gays (un timo de sinverguenzas que ya sufrí en Praga) le propuse a Archie localizar un cibercafé o pasear por el barrio y buscar otro hotel esa misma noche.
Quiso el azar que Archie tuviese un espléndido noviete en Berlin con el que había acordado quedar. Lo llamó y él nos indicó que justo al lado de nuestro hotel había otro gay muy recomendable: Schall & Rauch. Nos dirijimos allí y nuestra sorpresa fue monumental, ¡era exquisito!
A cualquiera que quiera viajar a Berlin le recomiendo esta pensión modernizada que me enamoró. Debajo tiene un café donde dan desayunos y hacen fiestas (habia un divertidísimo bingo gay el día que llegamos) en el que los camareros son un poco reinonas pero encantadores en cuanto cogen confianza.
De hecho, fueron esos camareros los que nos informaron de los precios y, ante mi insistencia, nos enseñaron una habitación: era deliciosa. ¡Teníamos que mudarnos a este enseguida! El problema era que hasta el día siguiente no había habitación así que esa noche la tendríamos que pasar en el tenebroso zulo Amsterdam.
Para aplacar el disgusto, nos decidimos a dar un paseo por la Schönhauser Allee hasta donde nos apeteciese. La caminata nocturna fue una delicia. Me sorprendió la cantidad de solares abandonados y lo espacioso de los edificios que lucían enormes ventanales iluminados por doquier. Las casas parecían de principios de siglo con un estilo muy sobrio. Evocaban la Europa de los cuarenta.Pasando por el centro de la avenida, el S-bahn, sobre sus puentes de hierro me recordaba mucho a Nueva York (especialmente al Lower East Side) y sus calles cercanas al río. También recordé inmediatamente la escena de Cabaret en la que Liza_Sally Bowles grita bajo estos puentes de hierro cuando pasan los S-bahn... el corazón se me salía del pecho, algunos de mis referentes más poderosos estaban aquí. Los impresionantes locales aparecían vacios de clientes en cada esquina. Nos impresionó especialmente este que con su espectacular torreón rematado con un bonito logo FRANNZ ocupaba toda una manzana y estaba vacío. Los restaurantes y bares eran antiguas fábricas o palacetes enormes con jardín. Todo impresionante. No parábamos de meternos en todos sitios recitando frases de Esperando la carroza (una película de culto que citamos a menudo en broma: "¡Oy, qué tragedia tan horrorooooaasa!" o "Yo con vos no me hablo.... yo con vos tampoco" o "No tenía cara de machonessa") entre risas.
Finalmente desembocamos en la Rosa Luxemburg Platz y allí admiramos el histórico Volks-bühne. El teatro del pueblo que los socialistas construyeron para mayor gloria de la escena comunista y Archie recordaba perfectamente estaba iluminado. Una belleza de edificio con aires bauhaus que acababan de reconstruir y cuyo símbolo es una rueda con patas muy interesante. Avanzamos más aún y desembocamos en la espectacular Alexanderplatz. A Archie se le saltaron las lágrimas.
Yo no entendía (aún) tanto escombro (otra frase de Esperando la carroza que viene a ser el equivalente del cañí tanto escándalo) por una plaza bastante inhóspita y que contiene el famoso pirulí. Más adelante aprendería a amarla. Tras casi un kilómetro de recorrido, estabamos rendidos así que buscamos un sitio en el que cenar tranquilamente. Tras algúna que otra crisis (estábamos muertos de hambre) dimos con un elegante tailandés (es la ciudad de los tailandeses, orientales y kebabs según observamos inmediatamente) en un apartado callejón en el que cenamos una delicia de arroces, satés y curris verdes servidos por un megamaricón camarero asiático que se creía Naomi Campbell y no se dignaba responder, muy divertido... una vez saciada nuestra hambre y curiosidad, decidimos acercarnos al mítico Cafe Moskau que era el local donde los generales del Este se reunían o se hacían fiestas y ahora los domingos es gay y hacen cosas tan chulas como esta. Llegamos a la puerta y la cola era cuatro veces la de Cool, Pasapoga y Ohm juntas. Así que nos fuimos a otro local que estaba pegado y era bastante parecido. En la Karl Marx Allee, frente al Kino International, todos los locales son enormes cubos de cristal y acero al modo soviético. Bastante alucinantes. Pero estábamos muertas así que tras una cerveza y analizar al DJ en sus platos en un chill-out, decidimos regresar al hotel.
Tambien debo recordar que yo no dejaba de preguntar a cada momento: "¿Esto es el Este o el Oeste?" hasta tal punto que Archie acabó por espetarme en broma: "Bonita, ¿se te ha ovidado que en esta ciudad también existe el sur y el norte?". Yo estaba tan obsesionado por experimentar la sensación de separación ideológica que no me daba cuenta de que en todo momento estábamos en el este y sólo muy lejos (o justo junto al hotel donde habían preservado parte del muro) estaba el Oeste. En realidad los soviéticos se quedaron con la parte más monumental y significativa de la ciudad y era el Oeste el que estaba encerrado por el muro.
Al regreso nos organizamos para dormir y levantarnos temprano para trasladarnos al Schall & Rauch. Nunca he pasado más frio en toda mi vida. Pillamos un resfriado monumental ambos.
Dia 2. Cambio de hotel y primer despendole.
Nos levantamos muy temprano para mudarnos lo antes posible. Pero tuvimos que esperar hasta las 5 de la tarde para ocupar las habitaciones nuevas. Así que nos conectamos a wi-fi que el café del nuevo hotel tenía y fuimos decidiendo que hacer esa noche. Cuando ya estábamos a punto de desmayarnos de cansancio por fin nos dijo un camarero que podíamos ocupar las habitaciones. "Os tenemos una sorpresa final" añadió con cara de misericordia.
Cuando nos enseñaron las habitaciones no dábamos crédito: Se entraba primero a un recibidor privado que contenía ambas habitaciones y un cepillazapatos. Era como un apartamentito. Pero mayor fue la sorpresa cuando abrimos las habitaciones: una era doble y enorme, con un precioso mirador y techos de estuco decó. ¡Y ambas eran exteriores!. Era como tener un piso en el Berlin Este. Estábamos felices.

Nos duchamos y quedamos con un amigo en la estación de Mehringdamm, en el barrio de Kreuzberg. El camino lo hicimos felices en el U-Bahn que va sobre la ciudad y se mete a veces. Cuando llegamos a la estación, aprovechamos para hacer dos videos. Uno es una feliz parodia de esa ridiculez de programa de telecinco Nosolomúsica que nosotros llamamos Nosolomeringhdam. El segundo es una acertada visión de cómo me ganaría yo la vida en esa ciudad (necesitaréis el real player 10.0. La descarga es gratis).
VIDEO 1: Nosólomehringdamm
VIDEO 2: La Shangay en Berlin
Tras hacer un rato la mamaracha, Marcelo llegó y nos llevó a un conocido parque de Kreuzberg: el Viktoriapark. El ascenso absolutamente a oscuras fue bastante surrealista porque nos iba enseñando curiosidades como esta preciosa cascada culminada por un monumento a los caídos en la cima de la montaña que conmemora no se qué guerra. Durante el trayecto no veíamos nada y yo iba ya haciendo la payasa en plan señora preocupada por haberse puesto "el broche bueno y los manolos para ese jardín de delincuentes comunistas". Pero las vistas desde la cima valían la pena como podréis apreciar aquí (aunque de noche no vimos nada de eso). A pocos metros está Tempelhof, el aeropuerto que construyeron los nazis y que sigue en funcionamiento. Uno sentía de repente un repelús pensando en cuantas personas soñarían con coger un vuelo en ese aeropuerto cada noche para huir del país. A la derecha se ve esto, que nos contó Marcelo es una factoría de cerveza abandonada. Para ese momento mi mente ya estaba absolutamente sumida en el sentimiento del pasado de esta ciudad y los ecos de desgarros. Tantas guerras, tantas tragedias... tantas personas escondiéndose en donde podían.
Descendimos de ese mirador y nos sumergimos en pleno Kreuzberg, un barrio que en los 80 atrajo a los artistas más alternativos y ahora es conocido por ser la mayor comunidad turca fuera de turquía. En pleno paseo me enteré de que por fin estábamos en el Oeste. El muro rodeaba este barrio que antes de la guerra fue industrial. Tras un largo paseo, marcelo decidió llevarnos a un restaurante austríaco que se llama, quelle originalité, Austria.
Yo opté por el más famoso plato, el Wiener Schnitzel que es el filete empanado. Cuando llegó era del tamaño del colchón LoMonaco. ¡Qué barbaridad! Estaba exquisito. Pero la mesa de atras me dió la comida. resultó que eran españoles y enseguida noté como se daban codazos, se giraban los que me daban la espalda y murmuraban: "es él, es él... acércate tú, nena". Ya estaban a punto de acercarse cuando yo me cambié de sitio y les dí la espalda. deben pensar que soy una estúpida, pero si en algún sitio no me apetecía hablar de La Granja era en Berlin.
Marcelo trabajaba al día siguiente temprano en la Ópera (en efecto, director de escena de la Deutsche Oper Berlin) así qué, tras disfrutar de su cultivada compañia (se lo sabe todo de arte, sociedad y arquitectura) en el Melitta Sundström, un simpatico café al que nos llevó para disfrutar de esto y no de esto que ya lo teníamos incluido en el desayuno de nuestro hotel hasta las 6 de la tarde, decidimos conocer otra de las tres zonas gays de Berlin: Schöneberg. Este barrio donde nació y vivió Marlene, se consideraba el barrio de la nobleza militar prusiana hasta los bombardeos de la II GM. Tiene un aire de burguesía noble que se acerca bastante a la Europa más reconocible. También lo reconoceran muchos porque aquí es donde vivió Christopher Isherwood y concibió a la inolvidable Sally Bowles que Liza encarnara en Cabaret gritando bajo sus puentes.
Para llegar al barrio más ortodoxamente gay de los tres, tomamos el U-bahn hasta Nollendorf Platz (en esa estación que siempre estuvo en el Oeste nos pasaríamos media vida al final) y allí nos dirijimos a la Motzstrasse. En esa calle es fácil entender porqué Berlin se considera una Mecca Gay. Tras medio asfixiarnos en el famoso Tom's (en Berlin desconocen la invención del aire acondicionado y si no eres fumador lo pasas verdaderamente mal) y otros bares francamente poco amigables, finalmente regresamos en un buho a Prenzlauer Berg y en menos de ná estábamos metidos en la cama.
Día 3. Turismo radical: El palacio de la República.
Nos despertamos tarde (yo me desperté tarde , en realidad) y bajamos a desayunar tranquilamente mientras nos informábamos en internet de las propuestas (y yo le decía por decimo novena vez que no a un chico de 21 años que se empeñaba en que me corriese en su boca por más que le repetía yo que eso es muy peligroso a lo que él me constestó que ya era HIV + y que re-seroconvertirse no le importaba).
Este día lo dedicamos a conocer el centro. Primero nos fotografiamos frente al pirulí (mi foto favorita con ese destello) y la Rotes Rathaus, el ayuntamiento en el que vive nuestro alcalde marica. Unos pasos más adelante llegamos al Palast der Republik (si le dáis a la banderita inglesa de la derecha podréis recorrer todo el palacio por dentro en inglés con fotos de la época y planos). En cuanto vi sus destrozadas ventanas tras el saqueo y su desnudas paredes tras vaciarlo del asbestos que lo hacía cancerígeno (no es casualidad el hecho de que Erich Honecker tuviese cancer) me enamoré del palácio de la República que los socialistas levantaron el el mismo lugar en el que antes se encontraba el Palacio Real. Toda esta zona es fascinante y dedicamos muchas horas a leer y ver fotos de como se fue transformando desde 1900 hasta ahora. Es una isla que ahora se llama isla de los museos y que refleja mejor que ninguna otra zona de la ciudad la transformación brutal que ha vivido en un siglo. En la primera foto veis perfectamente el concepto decimonónico de ciudad monárquica-imperial (en la que por desgracia seguimos viviendo nosotros) que tiene el Schloss o Palacio Real a la derecha y el Dom o la Catedral a la izquierda (muy similar al Palacio Real y la Almudena). Una zona noble en la que vivía el Emperador Guillermo I y en la que se declararon las guerras del Kaiser. En la segunda foto vemos como quedó la isla tras los bombardeos de la II GM. Todo fue destruido. En la tercera ha desaparecido el Palacio Real (demolido por los Sovieticos) y ya aparece el Palast der Republik con una vasta explanada delante, tal como está ahora (aunque han reconstruido numerosos palacios alrededor y pretenden demoler el Palast der republik y reconstruir el Palacio Real). En una cuarta foto se ve un croquis de ambos edificios comparados en tamaño y concepto.

Por desgracia no hemos llegado a tiempo de ver una iniciativa que abrió todo el interior del desnudo Palast a visitas, exhibiciones y fiestas. El proyecto VolksPalast ya no existe. Así que nos hemos quedado con las ganas de verlo y poder conocer lo que aquí se cuenta. Pero, me resisto a no citar un extracto de este artículo sobre el Palast der republik.
En este mismo espacio residió durante 500 años el Palacio Real de Berlín. El tres de febrero de 1945 fue atacado por 800 bombarderos y 1.000 cazas de escolta que dejaron ardiendo el lugar durante tres días. El gobierno de la ex Alemania Oriental decidió derrumbarlo en 1950. Más que un hecho práctico, fue una decisión simbólica que quería demostrar el poder socialista por sobre la aristocracia. Durante 20 años sólo hubo un terreno baldío. A principio de los ‘70 se decidió construir el entonces llamado Palacio de la República como un centro de eventos y recreación con restaurantes, teatros, bares y discoteca para todo el pueblo, inaugurándolo en 1976.
Al caer el muro este espacio, como muchos otros, fueron cerrados. Más tarde se comenzó a desmantelar el interior dado a que se encontraba contaminado por asbesto. Para Amelie Deuflhard, gestora cultural a cargo del proyecto ‘Volkspalast’, fue una decisión “más bien parte de una tendencia de erradicar todos los edificios socialistas que hay en Berlín, en especial en el centro de la ciudad donde eran muy visibles y representativos. Muchos otros edificios estaban igualmente o más contaminados pero no fueron cerrados”.
“Si se hubieran aplicado las leyes comunes de preservación de edificios y monumento nacional el palacio no debería haber sido desmantelado”, explica Deuflhard, “pero como se trataba de uno de los edificios más importantes de la ex RDA y muy pragmáticos dentro de la ciudad, se prefirió por razones políticas deshacerse de él. La comisión de monumentos nacionales trató de impedirlo, pero fueron sobrepasados.” En 2003 el parlamento alemán decidió echar abajo el palacio de la ex Alemania Oriental y volver a construir el antiguo. Por lo menos su fachada y en su forma. Sin embargo, todavía no se ha ordenado el cierre definitivo.
En fin, por lo que a mi respecta, una verguenza de oportunismo político que ha abierto las puertas al capitalismo más feroz y ha puesto toda la ciudad en manos de las multinacionales. Es verdaderamente triste ver como la mayoría de palacios ahora pertenecen a fundaciones y compañías privadas y todo el sueño que fue el socialismo se intenta borrar sin criticar toda la sucia propaganda que los americanos desplegaron en la zona (algo muy similar a Palestina e Israel).
Pero volviendo a una nota más alegre, he aquí algunas instantáneas en distintos sitios de la ciudad que corresponden a: 1. En el lateral de mi amado Palast der Republik. 2. Deslumbrada por el Pirulí. 3. Frente al Ayuntamiento "Rote Rathaus" con alcalde marica haciendo la Marihitler. 4. Frente al teatro del Este que lleva el nombre de uno de mis autores favoritos y cuya escuela visitamos.

Tras toda esa intensima inmersión en la historia de la ciudad, nos regalamos una salchicha al curry en un puesto ambulante y volvimos al hotel ya de noche para cenar algo. Entre el relax de rigor en el hotel y la salida era tan tarde que todo estaba cerrado. Finalmente pudimos cenar en un indio bastante rico y nos dispusimos a ir a un local muy recomendado esa noche: el Sharon Stonewall.
El recorrido hasta llegar allí fue muy interesante. La Linienstrasse tiene un sabor muy del Este y un cierto aire de películas de la Guerra Fría y, sobre todo, se ha convertido en el centro de galerías de arte. Pero cuando llegamos al bar, estaba cerrado. Desesperados por conocer algo de marcha nocturna, nos aventuramos en la comercial Oranienburg y alli, capitaneados por moi, nos metimos en un edificio en escombros que me recordaba a Nueva York mucho. Estaba abandonado pero de vez en cuando salía gente. Subimos las escaleras abandonadas y llenas de graffittis con no poco miedo (Archie iba tres metros atras rogándome que saliésemos y con un cierto aire de Señora de Meirás en Benicassim) y finalmente nos metimos en un extraño bar improvisado entre escombros en la última planta que daba a un solar derruido. Yo estaba en mi salsa aqullo era riesgo y aventura. Cual no sería nuestra sorpresa cuando nos enteramos de que ese edificio es una institución en Berlin: el Tacheles. He aquí una pequeña historia:
En febrero de 1990, tras la caída del muro, el edificio fue ocupado por un grupo de jóvenes artistas provenientes de distintas partes del mundo y mientras tanto el edificio se declaró monumento histórico por su característica estructura de metal.
Tras la caída del muro se originó en los barrios del este de Berlín (Mitte, Prenzlauer Berg y Friedrichschain) una subcultura que tenía como filosofía principal la autonomía, la espontaneidad y la improvisación. Artistas e individualistas del todo el mundo utilizaron la multitud de espacios libres disponibles para probar un estilo de vida y de creación alternativos.
Tacheles se hizo famosa enseguida por la atmósfera única del edificio y por el acopio de procesos creativos que se albergaban en ella. Desde sus comienzos Tacheles fue un centro para el desarrollo y la realización de formas de vida alternativas, de influencias culturales así como para probar nuevas ideas urbanas y creativas. Artistas de todo el mundo presentaban performances, dando conciertos o exponiendo sus cuadros, esculturas e instalaciones. Esta idea fundamental permanece aún hoy y el programa se fue ampliando con obras de teatro, cine, exposiciones, performances, talleres, recitales de poesía y fiestas.
Tacheles, como centro de cultura internacional, ha influido en sus alrededores, tante manera positiva como negativa. Mientras tanto el creativo barrio de Mitte se ha convertido en un barrio de moda.
El centro tuvo un reconocimiento por parte de la administración pública de Berlín y recibe una serie de subsidios anuales para ayudar a financiar parte de los numerosos proyectos que en él se llevan a cabo. El resto de la financiación proviene del alquiler de los artistas y de los beneficios del bar y el cine.
Su arquitectura característica y su aspecto en ruinas así como su actividad artística internacional a lo largo de los años han convertidoTacheles en un lugar muy conocido y casi una celebridad a nivel nacional e internacional, apareciendo en muchas guías de viaje.
En el transcurso de los acontecimientos desde que se derribó el muro, Tacheles se ha visto en la encruzijada de seguir desarrollando y presentando ideas y proyectos artísticos sin abandonar sus ideales ni caer en la nostalgia anarquista y okupa.
Nuestra originalidad rapidamente quedó en evidencia. Berlin es una ciudad que se ha aburguesado meteóricamente. Así que tras ver los solares llenos de esculturas de alrededor del edificio, decidimos volver al hotel con una enorme sensación de fracaso. En Berlin todo cierra a las 12.
Dia 4. Operación Deutsche Oper
Quizás para muchos este sea el dia cúlmen. Marcelo nos había invitado a ver La Fanciulla del West de Puccini en la Deutsche Oper. Teníamos que ir al Oeste y llegar con un poco de tiempo porque Marcelo nos iba a colar.
En el camino sufrí una lipotimia y me tuve que tumbar en la estación unos diez minutos. Para cuando llegamos Marcelo ya estaba algo impaciente y nos aprestó a dirigirmos a la puerta trasera. Entramos por la parte de atras y nos quedamos mudos. Estábamos accediendo a todas las tripas de la célebre Deutsche Oper. Los camerinos abiertos y llenos de actores y cantantes, la sala de maquillaje, los tablones de llamada... hasta que llegamos a su oficina y allí dejamos los abrigos. Entonces pasamos por todos los almacenes de decorados mientras Marcelo nos iba informando de a qué opera correspondía cada monumental decorado: "Aida... Turandot... La Boheme..." Los almacenes eran gigantescos hangares llenos de candelabros, efigies egipcias, enormes edificios con ruedas... una delicia. Finalmente nos quedamos paralizados cuando fuimos conscientes de que estabamos... ¡en escena! Seguimos avanzando por un puente sobre el foso de la orquesta y reaparecimos ante todo el teatro que se nos quedó mirando alucinados.
"Esperad un poco y sentaros donde queráis", nos dijo Marcelo.
La opera, que yo desconocía, fue sensacional. Una mujer fuerte reta a todos y se salta todos los convencionalismos en la américa del western. Muy transgresora para la época. Especialmente interesante fue la puesta en escena que recreaba la américa de los 50 con caravans y batidos a lo Doris Day.
Peor lo mejor fue que, una vez hubo acabado, Marcelo nos volvió a meter en el escenario con la gente aplaudiendo aún. De hecho nos dimos de bruces con la primera soprano y yo, muy falsa, le empecé a decir que había estado "superb, superb, superb... amazingly superb" (la verdad es que me había gustado mucho). Lo gracioso es que ella estaba tan encantada que se agarró a Archie y no lo soltaba y se lo llevaba para el camerino... Aprovechando el momento, yo, no lo pude evitar, me quedé parado en medio de aquél escenario y casi me desmayo cuando, de repente, levantan el telón y veo a todo el teatro mirándome. Sin dudarlo, empecé a hacer la escena final de Sunset Boulevard: "Mister DeMille, I'm ready for my closeup... and you wonderful people out there..." repetía sin parar avanzando con aires de Norma Desmond hacia el monumental patio de butácas. Me habría dado de leches por no llevar la cámara de fotos. Fue mi gran escena.
Dia 5. La Neue Wache, Archie's y Checkpoint Charlie
Este dia fue muy especial para Archie, porque acabamos en su casa de la infancia, en Leipzigestrasse. Primero nos paseamos por Friedrichstrasse que es el absoluto equivalente a la calle Serrano de Madrid. Llena de boutiques carísimas y hoteles de lujo, tiene un aire muy londinense. Lo más interesante de toda esta zona es que era la zona centro del Berlin Nazi. En Wilhemstrasse vivía Hitler y estaba su bunker. Aunque no ha quedado nada y los soviéticos construyeron apartamentos encima de toda esa zona, es fascinante imaginar el aire de terror que se viviría entonces.
El bloque de apartamentos en que vivío Arturo ha sido remodelado y ahora es de ultralujo. Pero el recordaba perfectamente donde jugaban y como era la zona, al borde del muro y el Checkpoint Charlie.
Precisamente en el muro de Checkpoint Charlie nos hicimos fotos y leimos las cruces que han puesto para conmemorar a los caidos intentando cruzarlo. Me destrozó el corazón un chico de 20 años que fue asesinado 9 meses antes de que cayera. Nunca supo que la pesadilla había terminado. Qué curioso es el tiempo.
También allí fuimos testigos de la escandalosa especulación inmobiliaria (digna de Espe Aguirre) que no va a dejar ni el espacio para las cruces porque esos solares son demasiado valiosos y ya han sido comprados por multinacionales (un cartel lo denunciaba).
Momentos antes volvimos a la Neue Wache. Para tomar las fotos que veis debajo. La placa conmemorativa que hay en la Neue Wache, la Nueva Guardia, conmemora a todas las víctimas de los totalitarismos y el militarismo (hello, mister Bush) que murieron o sufrieron por sus creencias o ideáles. Es el monumento que más me emocionó porque, como se ve en la foto, es el único que me he encontrado que mencione a los homosexuales como víctimas del poder. Recordamos a todos aquellos que fueron asesinados por su origen, HOMOSEXUALIDAD, enfermedad, o achaques, dice en concreto. Y, sobre todo, si leeis aquí la placa en inglés veréis que, por primera vez, ponen a las mujeres delante de los hombres. Un reconocimiento de que ellas son las grandes víctimas y heroínas de las guerras y el poder. Me emocionó de veras.
Bueno, ahí va tanda de fotos: 1. Neue Wache, porque salgo muy moderna toda movida señalando la palabra homosexualität. 2. Más Neue Wache. Menos movida. Más homosexualität. 3. Posando a lo Celia Gamez o representando el sainete lírico La del manojo de rosas en la famosa Unter den Linden. Detrás mi amado Palast der Republik y el Este. 4. Lo único que ha quedado en el Palast der Republik es ese sensacional cartel neon de ZWEIFEL (duda) que un artista ha colocado en lo alto. Es un sabio consejo: duda de todo, porque nada es eterno. Esta foto es como me veo en mi senectud, perdido en un parque, sentado en un banco, esperando y dudando de todo. 5. Famoso travesti es cazado cuando intentaba volver al Este. Es curioso, en esta foto estaría intentando saltar el muro para pasar al Este no al Oeste. Mi subconsciente es muy sabio. 6. El mismo maricón pintado sigue intentando saltar el muro hacia el Este. Las dimensiones del muro son imponentes. 7. A mis espaldas el maniquéo cartelito de Está usted abandonando el sector americano. Como si fuese la panacea a todos los males. Por desgracia ya no se puede abandonar en ningún sitio. Planeta Bush.
 
Día 6. Marlene Dietrich: ¿Underwear or naked?
El sexto día estuvo encomendado a una peregrinación: el santuario que el Filmmuseum Berlin le ha dedicado a Marlene Dietrich. Yo estaba emocionado con este momento desde el mísmo día en que empecé a planear el viaje. Por fin me iba a encontrar con Shanghai Lili. He aquí algunas instantáneas del momento: 1. En la sala central mil Marlenes me rodeaban. En éxtasis. 2. Remedo de la famosa pose del cartel de Der Blaue Engel. La que aparece detras mia es la mítica Shanghai Lili... delante Shangay Lili. 3. A mis espaldas el mítico abrigo de plumas de cisne que Marlene lucía sobre el traje de cristal de Jean Louis en sus conciertos. Pesaba tan poco que parecía flotar. 4. En varias vitrinas de cristal se exponian algunos trajes de Marlene. Este lo llevó a un baile de disfraces. 5. Estos son los trajes que usó Marlene en el frente para animar a las tropas aliadas. 6. Este traje lo llevó en su película Desire. 7. El mítico frac de Morocco, la película en la que, con ese frac, besaba en la boca a una mujer. Marlene escandalizó a su época por vestir como un hombre y ser abiertamente lesbiana. 8. De esta película tomé yo mi nombre. 9. Y esa que señalo no es otra que Shanghai Lili. 9. Como remate, una foto de Marlene en el plató del Expreso de Shanghai caracterizada de Shanghai Lili. Aif, qué emoción...
 
Bueno, y tras tanto glamour icónico viene la nota tragicómica. Al regreso a l hotel decidimos que debíamos salir por nuestro barrio. No sabíamos que Prenzlauer Berg es famoso por su escena leather y sus saunas y cuartos oscuros. Tras probar unos cinco locales desiertos y llenos de maricas vestidos de militar y con car de guarrillo, me decidí a probar con un último local que venía muy recomendado en las guias. Entro muy dispuesta para enseñarle a Archie como se hacen las cosas y el portero me recibe con una bolsa de basura. Yo me quedo un tanto confundido y le informo de que sólo hablo inglés. Él rodeado de cortinas de terciopelo por todas partes me impide el paso cuando me dispongo a pasar la cortina que debe dar acceso al bar y me pregunta muy delicadamente: "¿Underwear or naked?" Yo me quedo petrificado y tardo en procesar la pregunta: ¡qué si voy a entrar en calzoncillos o desnudo! Me doy media vuelta y salgo disparado. ¡Qué susta! Archi se meaba encima del ataque de risa.
Día 7. El Ku-Damm y la cena con Marcelo (Radical Faeries)
Nuestro último día, ante la insistencia de Archie lo pasamos en el Oeste, en el famoso Ku'Damm. A mi el Oeste me pareció deplorable. Es un enorme centro comercial dedicado a las compras y repleto de turistas. No me gustó nada nada.
Por la noche, Marcelo nos ofreció una exquisita cena de despedida en su magnífico piso en Kreuzberg y luego nos llevó a un encuentro de Radical Faeries (Mariquitas Radicales, más o menos). Yo no las conocía y me encantó hablar con ellas de Kali, de Durga, de la brujería y la madre tierra... sobre todo me encantó saber que son (somos, porque yo quedé nombrada la representanta mediterranea) feministas. Así me enteré de que la base de estos encuentros es dejar ver algo absolutamente tuyo y hacer algún ritual mágico que te de poder y que muestre que puedes cambiar el mundo. Muy interesante, Os hablaré más de esto en otra entrada, pero ahora otro fotorama:
1. Afortunadamente, el autobús se detuvo en la esquina de Unter den Linden (la champs elysees de Berlin, donde Hitler organizaba sus desfiles y que pasa por debajo de la Puerta de Branderburgo) y FriedrichStrasse (la que os dije que es la calle Serrano de Berlín). En ese estrategico punto había un cartel anunciando la salida a la venta del proximo album de Mariah: The Emancipation of Mimi. Como buen lamb (así nos llamamos los fans de M. C.) corrí a fotografiarlo y helo aquí (esa noche Mariah actuaba en los Echo Awards de Berlin y no nos enteramos que si no aún estaríamos esperandola a la salida). 2. Ella no quería fotografiarse en el imperialista Oeste. 3:¡Ella SÍ quería fotografiarse en el Oeste! Archie estaba feliz de volver a lo que en su infancia recordaba como una zona que le hacía feliz ("había de todo y todo el mundo era feliz" recordaba él). Yo estaba absolutamente en contra de esta zona y quería volver al Este. 4. Bajada de gafas a lo Mariah (falsa, muy falsa). A mi el Oeste no me gustaba. Todo eran logos (observese el de Mercedes detrás). Nada de historia, sólo dinero. 5. En casa de Marcelo me autonombré Alcalda maricón pintado de Berlin comunista (nótese el pirulí socialista de Alexanderplatz en mi hombro puesto por Marcelo). 6. La prensa "de algún modo" se enteró de mi romace con Marcelo y nos sorprendió en su comedor "cenando"... ¿Es que una superestrella no tiene derecho a su vida privada? 7. Yo muriendo de amor por el "bello Marcello". La ruptura también la venderemos a la prensa. 8. En el Barbie Deinhoff's, el bar de una bollera radical (Lena Braun aka Barbie Deinhoff) al que nos llevó Marcello y que es muy radical de izquierdas (Lena, la dueña se declara Terrorista cultural), esa noche conocí a muchas Radical Faeries (la fiesta temática de esa noche. Aquí con dos. El de collares se llama Joost y es físico de la Universidad de Utrecht el de la izquierda es hinduista y hablamos de Kali y Durga. Me encanta el QUEER a nuestras espaldas. 9. Este bar se llama Roses y es ultra-kitsch. Yo, claro, posé a juego con el bar: devorahombres Shangay. Muy Marlene. 10. Una foto para despedirme: Yo, feliz en S+U Bahnhof Alexanderplatz, en mi amado Este, miro con embeleso el Palast der Republik (esa mole al fondo). El Oeste se puede quedar con Bush.

A las 6 de la mañana, sin dormir, salímos hacia el aeropuerto y regresamos a España... Paloma nos estaba esperando para cuidar de todo. Y por fin se ha acabado esta historia a fascículos diréis vosotras. Y yo que estoy muerta respondo: ¡pues sí, nena, me caigo de sueño!
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