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Martes 14 de Marzo del año patriarcal 2006
LOS DÍAS DE NIKY

Conocí a Niky en la puerta del Strong Center. Eran los días de mi supuesto alcoholismo y los contínuos rumores sobre mi renqueante persona siendo sacada del Strong a rastras en estado de coma etílico, balbucenado incoherencias a lo Rita Hayworth (mis primeros sorbos de "fama" fueron así de poco alentadores). Niky era el portero y poco después el encargado.
Niky es rumano, heterosexual y una gran persona con un enorme sentido de la amistad. Por un malentendido (yo soy muy despistado cuando voy oyendo música por la calle) se enfadó muchísimo y estuvimos un tiempo sin hablarnos. Por suerte todo se aclaró. Ha llegado a ser propietario de los bares de osos más celebrados de Madrid. Yo estoy orgulloso de él (y creo que él de mí). Lo considero un amigo.
Aún manejo la posibilidad de organizar una serie de fiestas en The Angel, su local más ambicioso. Hasta entonces, os ruego que asistáis en masa a este aniversario del Hot. Él se lo merece.
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Sabado 11 de Marzo del año patriarcal 2006
EL BESO DE MANUEL PUIG (DEBIÓ SER TRANSFEMINISTA)
El miércoles decidí iniciar una nueva vida de eventos culturales.
Desafiando al frío y a mi incipiente gripazo, me fui al Centro de Arte Moderno para ver un pase de la película de Leopoldo Torre Nilsson basada en la novela homónima de Manuel Puig Boquitas Pintadas.
El detonante de semejante aventura fue un correo electrónico del mencionado C.A.M anunciando un ciclo homenaje nada más ni nada menos que a Manuel Puig.
Yo llevo recibiendo estos boletines-e desde que fui a una magnífica exposición de mi amado petartista Antonio Villatoro. Entonces me presentaron al argentinísimo dueño de esta galleria-embajada del arte argentino sita en la esquina de las calles Gobernador y San Pedro.
He ignorado programaciones francamente afines (Pasolini, sobre todo), pero cuando llegó el anuncio de mi Santa Manuel Puig me dije "Mari, a ponerse los tacones y honrar a esa gran señoura de las letras".
Cuál no sería mi sorpresa cuando, acompañado de la inefable Paloma, me indicaron que bajara a la sala en la que la película se acababa de comenzar a proyectar. El sótano abovedado, pintado de blanco, te transportaba vagamente a lo que debió ser la vida contra-cultural en los tiempos de Franco: un pequeño espacio, lleno de buenas intenciones y carente de florituras técnicas --un video sobre una mesita proyectaba sobre una pared blanca la película--, intentando a duras penas convocar el espíritu de la seriedad empresarial y esquivar (muy fallidamente) la imagen de la salita doméstica recibiendo a amigos del anfitrión (algo que para mí tenía mucho más encanto). Lo más penoso fue descubrir que, contándonos a Paloma y a mí, éramos 6 personas para ese supuesto homenaje a un verdadero icono de la liberación gay (los maricas estarían comprando entradas para el próximo concierto de Alaska o Chenoa o viendo Reprimidas Mountain otra vez).
Boquitas pintadas fue un éxito literario en Argentína (hasta tal punto que he encontrado una divertida versión en comic), que se benefició de la estela triunfal (e inesperada) de La traición de Rita Hayworth. En ambos casos, apoyandose en la imaginería de los folletines novelados, Manuel Puig desnudó el alma burguesa de los argentinos en general y del pueblo que le vio nacer en particular (se ganó la enemistad de los habitantes de General Villegas de por vida).
La película es bastante mediocre, una suerte de gran producción argentina de los 70 sin mucho ánimo de experimentación o trangresión alguna. A pesar de que el guión también fue adaptado por Manuel Puig, en ningún momento aparece la ironía y ácido sarcasmo que le caracteriza y sí un triste intento de dignificar una narración camp que se ríe de si misma y roza la grotesca parodia en todo momento. Se echa de menos la mano esperpéntica de un Fellini o un Berlanga y de más la soporífera realización a lo Hollywood de Torres Nilsson
De no ser por mis fantasías sobre la salas de arte y Ensayo de la dictadura y mi devenir vital de haber vivido entonces, me habría aburrido bastante. Pero lo que sí me sorprendió fue descubrir, cuando encendieron las luces y el promotor empezó a hablar de Manuel Puig, que todos los presentes, salvo Paloma y yo, eran argentinos arrastrados más por un ánimo de melancolía patriotera que por una mínima curiosidad cultural. Alguna (la mayoría eran mujeres) se lanzó a soltar nombres de escritores y artistas argentinos, hablando de ellos como si fuesen la sal de la tierra. Incluso se atrevieron a mencionar el psicoanálisis más trillado, algo que me hizo sentir verguenza ajena recordando el estereotipo de argentino pomposo e inculto que a menudo suelo refutar.
Pero lo peor llegó cuando me puse a explicar que la homosexualidad de Manuel Puig fue la causante de un rechazo y veto generalizado dentro del mundo editorial y literario hispanoamericano. Una señora con ribetes de pequeñoburguesa rioplatense respondió airadamente que ella no creía que hoy en día esa distinción de trato hacia artistas homosexuales o heterosexuales existiese, ni que eso hubiese tenido ningún peso en la progresista sociedad argentina o española a la hora de juzgar su arte. "Si acaso le habría beneficiado, con lo de moda que estan los artistas homosexuales. Los quieren en todas partes.... Aunque yo nunca he leído sus libros", añadió a continuación.
Tuve que hacer acopio de sakti para no soltarle un par de gritos y aclararle que el primero que no creía que la homosexualidad existiese (aunque por razones bien distintas) era Manuel Puig (bien alta pagó su negación de esa realidad social y su fantasía de ser una mujer sumisa en busca de un macho al que servir y sacrificarse por amor). Intenté recordarle, con tono controlado, la homofóbica actitud de Carlos Barral que se negó a publicar al escritor "mariquita" hasta que vió que la francesa Gallimard y dos editoriales argentinas se estaban haciendo de oro a su costa con el éxito de La traición de Rita Hayworth (a pesar de lo cual no dejo de ridiculizarle siempre que podía e intervino para que no ganase el premio Biblioteca Breve).
La hipócrita falsa tolerancia de los heterosexuales que nunca han vivido discriminación alguna y la sorprendente ceguera de una mujer que no sabe ver las sutilezas de la invisibilidad, me enfurecen como pocas cosas.
En conclusión, el próximo miércoles proyectan Pubis angelical y yo estaré allí para seguir honrando y recordando a esa gran mujer hollywoodiense que fue Manuel Puig (de hecho he prometido llevarles una cinta de la única entrevista de media hora que en TVE le hicieron a Manuel Puig).
Para los que quieran leer un adelanto, aquí podéis disfrutar con una magnífica entrevista que os dejará boquiabiertas con su visionarias opiniones sobre feminismo, género, sexo y los ghettos gays.
ADENDA SOBRE EL TRANSFEMINISMO
Yo estoy convencido de que a él le habría encantado el transfeminismo. Aunque mucho más le habría iluminado escuchárselo definir a mi amada, admirada y respetada Santa Kim Pérez.
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Jueves 9 de Marzo del año patriarcal 2006
¡BOY GEORGE SIEMPRE SERÁ LIBRE Y HERMOSO! (LA ALTERNATIVA TRANSGÉNERO DE GEORGE)

Retiran los cargos contra Boy George por posesión de droga
Así rezan los titulares de medio mundo tras casi seis meses de angustia para él y para todos los que le idolatramos.
¡Se ha librado de la carcel! ¡Estoy tan contento!
Siempre tuve claro que el extraño arresto de George fue una trampa tendida por el Gobierno Bush contra uno de sus más airados detractores, pero también tuve muy claro que Boy George ha estado a punto de ser atrapado por el Sistema esta vez, le tenían ganas.
La mayoría de la gente desconoce que la razón por la que George llamó a la policía para que le auxiliaran en su apartamento, como explica un amigo aquí, fue un chapero que George había invitado a su residencia en Chelsea (alquilada por Rosie O'Donnell durante un año para cobijar a George mientras durasen las representaciones de Taboo) el que causó la llamada de ayuda de Boy George. Al parecer, apenas entraron en el dormitorio, el chapero le exigió a Boy George que le diese todo el dinero y objetos de valor que tuviese en la casa. George, siempre valiente, no dudó en amenazar al chapero con llamar a la policía si no se iba de su casa y así lo hizo. Lo que sigue es la distorsionada y absurda historia que ha trascendido al público: que si estaba drogado y llamó a la policía para denunciar un falso atraco, que si estaba rodeado de drogas por todas partes y no tuvo nada mejor que hacer que invitar a la administración Bush a ponerle entre rejas...
En el apartamento también estaba invitada una conocida petarda de la noche (una chica asiática que vi en un artículo que ahora no encuentro) que fue la que le dijo a la policía, apenas entraron, que George estaba drogado y que tenía más drogas en otras habitaciones a las que sibilinamente guió a los agentes para mostrarle las famosas 12 bolsas de cocaína (que monada de amiga, esas prendas de la noche nunca dejarán de sorprenderme). Es increíble que nadie cuestione la veracidad de que alguien que sepa que en su casa tiene droga llame a la policía arriesgándose a ser detenido en un país tan retrógrado e hipócrita en ese sentido como los EEUU (mucho más alguien que ya ha vivido esta historia en los 80 con el martírio que pasó George escondiéndose y acusado por todos los periódicos).
Indudablemente, han llegado a un acuerdo para que a cambio de que George se declare culpable (que la policía no haga el ridículo) retiren los cargos por tenencia de drogas. La corrupción del sistema legal nunca dejará de sorprenderme.
Boy George no ha soltado prenda durante todo este circo cuya primeras consecuencias han sido la grave enfermedad de su madre, la mujer, tras superar a duras penas la muerte de su marido y la condena de su otro hijo por asesinar a su mujer, tuvo un ataque con sólo pensar que lo que ocurrió en los 80 con George se pudiese repetir.
Hace no mucho, mi admiradísimo Bob se dolía de la falta de juventud, delgadez y maquillaje de este Boy George que vimos salir de los juzgados. Precisamente es en esa desnudez, en esa subversión de la mascarada que las iconos feministas Luce Irigaray y Joan Riviere denunciaban en sus trabajos deconstruyendo el género, donde está su belleza de su contínuo reto a los géneros: cuando ya lo tienen etiquetado como la colorida drag sin contenido, aparece como un grodo hooligan británico desnudo ante el mundo. George prueba continuamente que la máscara es una trampa si se convierte en etiqueta, que si definimos al contenido por la forma estamos entrando en los mecanismos del sistema capitalista (obviar el contenido y premiar el contingente es un mecanismo de control).
Él sigue mostrando vías alternativas a lo que ya conocemos en lugar de aferrarse a lo fácil: liposucciones, botox, diseñadores de moda, vampirsmo del último grito undergroung, montajes publicitarios para adornar con una capita de "escándalo" las aburridas y mediocres vidas de conservadoras existencias como la de Madonna, Elton John o George Michael.
George no necesita esas estrategias de mercado, con su orgullosa gordura que grita "miradme, ya no me meto heroína" (para quien no se haya dado cuenta, del precio que la delgadez puede tener en su caso es la adicción más mortal, pero en esta asquerosa sociedad capitalista se prefiere al andrajo drogadicto sin nada que ofrecer salvo su apariencia al obeso visionario luchando por encontrar una alternativa), con su madurez sin disfraces que grita "el talento está en un cerebro capaz de escribir las letras de TABOO no en un vestuario chuli", con su papada que grita "yo en lugar de alterar mis genes voy a mostrar un modo distinto de vivirlos", con su vida de superviviente transgénero que ha superado a muchas etiquetas (fue chica mona, maricón pintado, jonky degenerado, pincha alternativo, compositor de musicales, escritor de libros...), firme creyente en el feminismo y la revolución no televisada, con sus maravillosas columnas del Sunday Express que para tantas de nosotras fueron escritura sagrada, y, sobre todo, con sus decisiones nada previsibles (es un vivo ejemplo de lo que el poder teme más: la individualidad, porque la gente individual se vuelve impredecible), sigue apretando el paso en la dirección de las periferias.
Y es que todos esperaban que siguiese maquillado hasta la muerte, atrapado en lo previsible, pero a mí me encantó verle orgullosamente humano (¿cómo pueden ser tan petardos como para pensar que se va a presentar en los juzgados pintada como una puerta y con un modelazo de premiere cinematográfica? ¿Piensan que es la Vicky Beckham? Eso en la vida real, no en la de los montajes del corazón y las madonnas supuestamente lésbicas que no lo son y preparan toso con asquerosa artificialidad, no pasa. Las guerraras del género y la vida, las verdaderas como George, no tienen esos privilegios por parte del poder. El tema es claro: si no eres un lacayo del poder eres un enemigo. Desconfiad de quién pueda emitir su mensaje anti-sistema sin ser invisibilizad. Si ese mensaje llega hasta vosotros por los medios masivos, no es auténtico. En este mudo controlado por los conglomerados mediáticos del poder, el poder elige a sus lacayos.
Sobre todo, no seáis tan ilusos como para esperar que la patética parodia de provocación que la blanda generación posmoderna de la MTV (Madonna, Michael Jackson, P!nk, Britney, Marylin Manson...) es la real. La verdadera provocación está continuamente atacada, destruida y escondida por el poder en los valles del fracaso, las inexistentes ventas y las escasas campañas de prensa. Porque lo verdaderamente anti-sistrema es complejísimo, múltiple e imprevisible, y lo imprevisible no es vendible con una simple etiqueta (la regla de oro del marketing: un sólo mensaje para un sólo producto).
Grácias de nuevo, George. Que Kali te bendiga con mucha más Sâkti.
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Miercoles 8 de Marzo del año patriarcal 2006
GRACIAS, CLARA CAMPOAMOR
Feliz Día de la Mujer Trabajadora. Hace sólo 75 años que las mujeres consiguieron el voto en España. Gracias, Clara Campoamor.
Os ruego a los que entréis que leáis su extraordinaria vida a modo de tantra. Que su memoria crezca frente al injusto trato que se le ha dado en la historia, un injusto olvido. Aunque creo que por fin va a haber un busto suyo en el Parlamento (esa institución que tú convertiste en una máquina de avanzar).
Una anécdota, por cierto, con horror descubro que la primera página que aparece en Google sobre su vida es de... ¡Federico Jimenez Losantos! Sinvergüenza. "El cerdo machista" no sé cómo se atreve a mencionar su nombre. Bueno, si que lo sé, la derecha (el nacionalcatolicismo que aún hoy quiere reducir a la mujer a una máquina de reproducir) tiene mucho interés en intentar reclamar a Clara Campoamor como una de los suyos por sus diferencias con la izquierda. Pues, lo siento queridos: esta es nuestra hasta la muerte: feminista, republicana y de izquierdas.
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