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Friday 13 de October del año patriarcal 2006

The End of the Moon es un espectáculo duro y muy sobrio al que tacharán de lo mismo que tacharon mi Uterolandia: no es lo que la gente espera, no es previsible, no es lo mismo que ha encumbrado a la artista empaquetado más o menos descaradamente como esas re-invenciones en forma de cambio de peluca que tanto gustan a los ligeritos de referentes (un saludo re-madonna; en minúscula, como tu "arte").
Laurie ha dejado atrás sus conciertos más asequibles y se embarca en una dificil corriente de pensamiento, extremadamente poética, que te lleva a lugares verdaderamente extraños. Y es que en este espectáculo, por increible que parezca, Laurie te coge de la mano y te lleva a dar un paseo por la Luna. Un paseo que no es lo frivolón, sci-fi de serie B y efectista que la gente está acostumbrada a proyectar en el espacio exterior. No, este devenir creativo es ingrávido pero extremadamente grave, vacío pero alarmantemente denso, lento pero vertiginosamente fulminante. Es como ver supernovas estallando, luceros pasando súbitos y estrellas moribundas lanzándote sus últimos destellos. En definitiva es el Tao: la fusión de los contrarios ("La lágrima de mi ojo izquierdo es porque te amo. La lágrima de mi ojo derecho es porque no te puedo soportar", dice en un monólogo sobre el amor).
Es sobrecogedoramente bello.
Laurie ha contado en varias entrevistas cómo cuando les mostro el espectáculo a los científicos de la NASA estos se quedaron bastante decepcionados porque esperaban grandes efectos tecnológicos y un espectacular despliegue de medios y se encontraron con este contenidísimo escenario sembrado de velas, una mini pantalla de vídeo y una parquedad musical casi hiriente. Laurie había escrito un poema en la Luna.
Quizás por eso, cuando le preguntan por qué se acabó su residencia en la NASA (había sido invitada por el organismo de investigación espacial a convertirse en su primera Artista Residente), Laurie, haciendo referencia a los monstruosos presupuestos que se gastan en armas de destrucción, contestó jocosa: "Alguien vio que se habían gastado 20.000 dólares en un poema y le pareció ridículo".
No es discutible que The End of the Moon es una obra realmente difícil con sus parábolas de curvas espacio tiempo superadas por la contracción del Universo y sus haikus sobre la nanotecnología, pero es lo más profundamente interior que el vasto espacio exterior haya llegado jamás en la sensibilidad de una persona cultivada (que eran los menos a juzgar por el despliegue de trajes Comunidad-de-Madrid y petardas voy-a-lo-que-me-inviten-y-hasta-a-la-apertura-de-un-sobre). A mí me sumió en un extraño estado de meditación dulcísima.
Sí, pocas veces me había pasado esto con un espectáculo: me emocionó hasta la inconsciencia (y no, no quiero decir que me dormí, aunque estuve cerca). Era lo más parecido a un buen libro que en ciertos pasajes te cuesta tanto que crees haber desconectado y de repente esos renglones cobran una vigorosa vida en tus recovecos más profundos y vuelven para perseguirte en cada rincón de tus emociones. Y ya no te abandonan jamás porque esa es tu vida: unos renglones perdidos en tu intimidad.
De las muchísimas imágenes, reflexiones, haikus, poesías, visiones, epifanías, hagiografías o como se quiera llamar a su deslumbrante sucesión de monólogos para violín, destaco:
Un paseo con su perra Lolabelle por una montaña abandonada en la que se refugió de la paranoia policial en el Nueva York post 11-S (ella vive en el Lower east Side, cerca del Ground Zero y en su esquina pusieron un puesto de control). En ese paseo cotidiano hasta el mar, su perra rastreadora iba olisqueando el suelo en busca de amenazas para su ama. Laurie se había fijado en un grupo de buitres que volaba en círculo a lo lejos... hasta que de repente uno cayó en picado con las garras preparadas para atrapar a la perra que nunca se había fijado en amenaza aérea alguna. Por suerte, Laurie se dio cuenta de las intenciones con ese giro de garras y posición y espantó al buitre. Pero desde entonces, dice ella, "mi perra mira al cielo como los neoyorquinos"... a partir de ese momento todo había cambiado: ese espacio, antes ignorado como un plano amigo de nuestra realidad, se había convertido de repente en una puerta a cualquier amenaza, una nueva dimensión que había que aprender a vigilar. Lo de encima de su cabeza nunca volvería a ser igual. Ahora era una nueva fuente de recelo.
Su reflexión sobre las ridículas religiones monoteistas que se preocupan sólo de dónde venimos, quién nos creó, cómo se originó todo y quién ha diseñado el Universo (un ataque velado a la feroz campaña anti-Darwin de Bush en las escuelas estadounidenses), pero se olvidan, como el budismo explica, que la vida es sobre-vivir cada día... como una casa en llamas en la que nadie se pararía a pensar y calibrar en medio de las llamas: "¡Caray!, ¿quién habrá sido el arquitecto de esta casa? ¿Por qué pondría ese material ahí? ¿Cómo la construyó?"... uno sencillamente corre para salvar la vida.
"Los pingüinos son gays, se ha comprobado", empezaba en otro monólogo, divertido a más no poder. Relató con mucha gracia cómo suelen incubar piedras imitando lo que geneticamente saben que hace una madre hasta que se dan cuenta de que de esa piedra no va a salir nada, pero eso es lo más cerca que ellos van a estar de la imposición biológca del esquema de familia. Una ingeniosísima manera de llamar la atención sobre las necesidades afectivas de todos. A-lu-ci-nan-te.
La ilegítima apropiación de la Luna por los EEUU es una de las muchísimas historias maravillosas que contó de su paso por todos los departamentos de la NASA y sus reuniones con los científicos para pedirles explicaciones sobre situaciones irregulares que el gran público desconoce. Cuenta como a veces se despierta asustada y mira a la Luna pensando si no habrá ya una base militar instalada allí que sólo un telescopio potentísimo (al que no tienen acceso los civiles) pueda detectar. O como se enteró de un plan de explosionar bombas atómicas en la cara oculta de la luna y se dijo: "Espera un momento, ¿no deberíamos votar eso el pueblo?"
Sus andanzas por Turquía también dieron lugar a uno de los monólogos de espiritu más jocoso. Estando allí se enteró de un cierto bolo que ningún artista quería hacer porque para cuando se daba cuenta estaba frente a un auditorio de fanáticos armados con fusiles AK7 que ametrallaban al artista que no les complacía. La posibilidad de actuar por su vida frente a un grupo de gañanes armados hasta los dientes y con el gatillo fácil era extrañamente hilarante. La vida es absurda.
Sobre la nanotecnología (robótica al nivel de átomos) contó como descubrió un proyecto de la NASA de nanorobots que se implantaran en las personas para que administren dopamina, morfina o adrenalina cuando se quiera obtener una determinada respuesta del individuo.... "Por supuesto", acabó diciendo, "esto no se aplicará a enfermos terminales o personas desfavorecidas por la vida como yo estaba pensando... este programa se ha diseñado para implantárselo a LOS SOLDADOS que vayan a invadir países y desiertos"
Fue una foto del nacimiento de una estrella en la portada del New York Times con unos rosas, malvas y naranjas espectaculares la anécdota más reveladora. Al día siguiente de quedarse ensimismada ante la belleza de la instantánea preguntó a los científicos que la había tomado "¿son realmente estos colores los que tienen ese nacimiento?". Los científicos le respondieron que eso era subjetivo, que la foto es una interpretación y no es factible determinar la realidad de los colores... ella, escandalizada les dijo: "¿y por qué le asignaron estos colores entonces? ¿Por qué no grises y marrones caca?". A lo que los científicos le espetaron: "Pensamos que a la gente le gustaría más esto".
Así es esta sociedad capitalista, hasta la ciencia está manipulada por las estartegias de consumo y marketing.
En fin, un pequeño paso para los ignorantes pero un gran paso para la humanidad.

>>>>>>>Habéis dejado 3 DIVAgaciones<<<<<<<
querida diva, yo estuve anoche y sentí exactamente lo mismo que tú: que Laurie me cogía y me llevaba de paseo. Fue absolutamente maravilloso. Una delicia.
DIVAgado por bob el 13 | 10 | 2006 |
Te escribo para agradecerte tu artículo. Yo también estuve el jueves allí, y, aunque debido a la gran cantidad de historias, a lo complicado de estar escuchando en inglés y leyendo en español, y a mi mala memoria, esta actuación había quedado en mi cerebro como algo un poco confuso, pero precioso. Gracias tu resumen puedo volver a recrear lo que ví. Yo conocí a Laurie a través de su trabajo con Jean Michel Jarré, y ahora se acaba de convertir en una referencia para lo que a mí personalmente me gustaría hacer, arte a través de la voz, apoyado por la electrónica. En definitiva, me ha gustado mucho tu artículo; ah, por cierto, lo he encontrado a través de http://www.lacoctelera.com/lectorileso/ Un cordial saludo - Don Guijote
DIVAgado por Don Guijote el 15 | 10 | 2006 |
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No conocía a Laurie, por eso hacen falta bitácoras como ésta.
Me ha encantado lo de los pingüinos homosexuales y me ha dado un poco de miedo pensar que la Luna pertenece ya a los E.E.U.U. Oh...
Un beso.
DIVAgado por Capitán Harlock el 15 | 10 | 2006 |
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